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IRPF

(IRPF)
Impuestos sobre Sociedades para primerizos

Si acabas de abrir tu propia empresa, es probable que te sientas un poco abrumado por la contabilidad mercantil ya que sus requisitos son más complejos que los de un autónomo. Uno de los aspectos más importantes que debes tener claro es el Impuesto sobre Sociedades, que grava la renta de las empresas y otras entidades jurídicas.

¿Qué tipos impositivos se aplican en 2017?

El Impuesto de Sociedades se calcula a partir del resultado contable de la empresa, al cual se le aplica la base imponible correspondiente, que indicará cuánto debes pagar ese año. La Ley 27/2014, de 27 de noviembre regula todo lo relacionado con el Impuesto sobre Sociedades y determina diferentes tipos impositivos:

Tipo general del 25 por ciento. En 2014 el tipo general del Impuesto de Sociedades era del 30 por ciento pero con la reforma fiscal se fue reduciendo, de manera que a partir del 1 de enero de 2016 se aplica el 25 por ciento.

Tipo reducido del 15 por ciento para emprendedores. Desde 2015 las sociedades de nueva creación pueden beneficiarse de un tipo reducido, que se aplica durante los dos primeros años en los que se produzcan ganancias, aunque si estas superan los 300.000 euros se aplica un tipo del 30 por ciento.

Tipo reducido del 20 por ciento para las cooperativas. Se aplica a todas las sociedades cooperativas protegidas fiscalmente, aunque los resultados extracooperativos deben tributar al tipo general o al 30 por ciento.

¿Qué gastos puedes deducir?

Para poder deducir los gastos del Impuesto de Sociedades estos deben:

- Estar relacionados con la actividad de la empresa.

- Reflejarse adecuadamente en los libros de contabilidad.

- Estar justificados con una factura, preferentemente una factura completa pues en algunos casos la factura simplificada común no es suficiente.

- Corresponder al ejercicio de la actividad, no se puede imputar a un año el gasto realizado en el ejercicio anterior, aunque existen gastos que se pueden dividir en varios años fiscales.

¿Cuándo tienes que pagar el Impuesto de Sociedades?

Los plazos del Impuesto sobre Sociedades dependen del año fiscal de la empresa, lo cual significa que puedes seguir el año natural o elegir tu propio calendario. Aunque no existen fechas concretas, la ley establece ventanas temporales, por lo que tendrás un plazo máximo de seis meses a partir del cierre del ejercicio. Por tanto, si eliges el año natural, tendrás que presentar el impuesto, a más tardar, el 25 de julio. Recuerda que es obligatorio presentar el Modelo 200 de la Agencia Tributaria, aunque no resulte nada a ingresar o devolver o aunque no hayas desarrollado ninguna actividad.

¿Qué hacer si no puedes pagar?

Si cuando llegue el momento de pagar el Impuesto de Sociedades no cuentas con la liquidez suficiente, puedes pedir un aplazamiento. Según la Orden HAP/2178/2015, de 9 de octubre, Hacienda no te pedirá garantías para conceder el aplazamiento o fraccionamiento siempre que la cantidad no supere los 30.000 euros. Si es mayor, te solicitará un aval bancario, seguro de caución o garantía hipotecaria.

Gastos a deducir si eres autónomo

Si eres autónomo, existen una serie de gastos que puedes deducir, pero es conveniente que sepas exactamente cuáles son. Ya que la Agencia Tributaria los revisará con lupa. La regla general es muy sencilla: puedes deducir todos los gastos que estén directamente relacionados con tu actividad económica, siempre y cuando estén justificados con las correspondientes facturas y registrados en tu contabilidad.

Los principales gastos que puedes deducir:

1. Consumos y mantenimiento. Puedes deducir todas las compras de productos, ya se trate de mercancías o materias primas, que necesites para realizar tu actividad económica. También puedes desgravar los gastos en los que incurras por concepto de mantenimiento y/o reparación, ya sea del local donde trabajas o de los equipos que utilizas, a menos que se cataloguen como mejoras.

2. Gastos de los trabajadores. Si tienes empleados a tu cargo, todos los gastos en los que incurras son deducibles, desde su nómina, retribuciones e indemnizaciones hasta las cuotas de la Seguridad Social, los gastos de formación y las contribuciones a los planes de pensiones.

3. Arrendamientos, cánones y tributos. Puedes desgravar el alquiler del local donde trabajas o las cuotas del vehículo en leasing, así como los cánones que debas pagar. También podrás deducir el impuesto de bienes inmuebles, el impuesto de actividades económicas y cualquier otro tributo o tasa estatal.

4. Servicios de profesionales independientes. Puedes deducir las facturas de todos los profesionales independientes a los que hayas recurrido para realizar tu actividad, así como de mediadores y agentes comerciales.

5. Gastos financieros. Si tienes un crédito como autónomo, puedes deducir los intereses así como los gastos por servicios bancarios y los recargos por aplazamientos de pago, incluyendo los de la Agencia Tributaria.

6. Servicios externos. Puedes desgravar los gastos en publicidad, relaciones públicas, subscripción a revistas profesionales, gastos de eventos y cursos, cuotas a asociaciones empresariales, facturas de agua, luz y gas e incluso las primas del seguro de enfermedad, también las de tu pareja e hijos menores de 25 años que vivan contigo, hasta un máximo de 500 euros por persona.

En el caso del IVA soportado, solo podrás deducirlo del IRPF si no es desgravable de la declaración trimestral del IVA.

Las deducciones más controvertidas con las que debes tener cuidado

El principal problema suele surgir cuando se trabaja en casa, aunque desde el año pasado los autónomos pueden deducir del IRPF los suministros del hogar en proporción al espacio que utilizan. Si vives en alquiler, puedes pedirle al propietario que te haga dos facturas y podrás deducir una de ellas.

En el caso del vehículo, si lo destinas únicamente a tu actividad económica, puedes desgravar el gasto de combustible y el IVA, pero si no es así, podrás deducir el 50 por ciento del IVA del coche y de los gastos que conlleva. Respecto al teléfono y ADSL, si solo tienes una línea de móvil podrás deducir el 50 por ciento del gasto ya que se considera que el resto se destina a uso personal.

Cobrar el paro si soy autónomo

En el pasado las palabras paro y autónomos eran prácticamente incompatibles pero, a partir de la Ley 32/2010, de 5 de agosto, quienes trabajan por cuenta propia tienen la posibilidad de acceder a lo que se conoce como prestación por cese de actividad.

Por cada año cotizado podrás cobrar dos meses, un importe que suele ser el 70 por ciento del promedio de las bases por las que has cotizado durante los doce meses anteriores al cese de la actividad. Sin embargo, para cobrar este paro como autónomo no solo debes haber cotizado a la Seguridad Social, sino que también tienes que cumplir una serie de requisitos.

¿Cuáles son las condiciones para cobrar el paro siendo autónomo?

1. Estar dado de alta en la Seguridad Social y haber pagado todas las cuotas. Para cobrar el paro como autónomo, en el momento de presentar la solicitud, que debe ser antes del último día del mes siguiente en el que dejaste de trabajar, todavía debes estar dado de alta en la Seguridad Social. También debes estar al corriente en el pago de la cotización como autónomo, por lo que si tienes pendiente alguna cuota, primero tendrás que saldarla.

2. Cotizar por cese de actividad al menos durante 12 meses. Para tener derecho al paro debes haber cotizado por contingencias profesionales, aunque desde 2015 también se puede cotizar de manera independiente, lo cual representa un costo añadido a la cotización de autónomos del 2,2 por ciento. Además, tienes que haber pagado las cuotas de autónomos de manera sistemática durante los 12 meses previos a la solicitud, incluyendo el mes en que dejaste de trabajar.

3. Justificar el cese de la actividad. Cuando solicites el paro debes explicar por qué has dejado de trabajar, ya sea por motivos económicos, organizativos o técnicos, porque perdiste la licencia administrativa u otras causas. Con la nueva ley de mutuas, puedes aducir motivos económicos si has tenido pérdidas de al menos el 10 por ciento durante el año anterior al cese. Tendrás que entregar una declaración jurada en la que indiques la causa del cese, acompañada de la documentación fiscal que muestre tu situación económica. 

4. Suscribir el compromiso de actividad en el INEM. Tienes que comprometerte a realizar las actividades de los servicios públicos de empleo, como la formación u orientación profesional o los trabajos de colaboración social, así como inscribirte como solicitante de empleo y sellar el paro en las fechas establecidas.
Por supuesto, existen algunas incompatibilidades, como haber alcanzado la edad de jubilación o cobrar otras prestaciones de la Seguridad Social.

¿Puedes recibir el paro y trabajar como autónomo?

Según la Ley de Fomento del Trabajo Autónomo, si estás en paro puedes recibir el 100% de la prestación por desempleo durante nueve meses como máximo aunque te des de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, una medida dirigida a facilitar la inversión y los gastos iniciales en los que normalmente se incurre para abrir un negocio.

En qué consisten las retenciones aplicadas a pymes y autónomos

Los autónomos, pymes y empresas en general deben aplicar una retención del IRPF. Esas retenciones son un anticipo a la Agencia Tributaria en previsión de las ganancias esperadas. Mediante este mecanismo fiscal la empresa o el cliente actúan como recaudadores tributarios, ya que son los encargados de ingresar a Hacienda una parte de tus impuestos, generalmente de manera trimestral.

¿Cómo te afectan económicamente las retenciones?

Las retenciones no tienen ningún impacto desde el punto de vista económico ya que si a lo largo del año han sido muy altas, cuando presentes la declaración anual de la Renta te saldrá a devolver y recuperarás lo que hayas pagado de más. Al contrario, si han sido muy bajas tendrás que pagar la diferencia a la Agencia Tributaria.

¿Quién debe realizar la retención?

Si tienes empleados a tu cargo, eres el responsable de aplicar la retención a sus nóminas e ingresarla de forma trimestral a Hacienda mediante el modelo 111, el cual también te servirá para indicar las retenciones a autónomos en sus facturas. 

Si eres un profesional que trabaja por cuenta propia, tendrás que aplicar la retención en las facturas que le emitas a tus clientes, siempre y cuando estos sean autónomos, pymes o empresas, no particulares. Si te has dado de alta en alguna de las actividades empresariales que se encuentran recogidas en la sección primera del Impuesto de Actividades Económicas, no tienes que aplicar retenciones en tus facturas.

Sin embargo, la Agencia Tributaria especifica que el máximo responsable de la retención es el cliente. Si como cliente recibes una factura sin retención o con un error en su cálculo, Hacienda te exigirá igualmente que pagues el importe de la retención, por lo que es importante que cuando te emitan una factura compruebes el tipo de retención aplicado y el cálculo de la misma.

¿Cómo se calcula la retención?

Para calcular el importe de la retención simplemente debes aplicar el porcentaje correspondiente a la nómina de los trabajadores, el cual varía dependiendo de su salario y situación familiar, o al importe bruto total de la factura, antes de aplicar el IVA.

Este año la retención para los autónomos que ejercen una actividad profesional seguirá siendo del 15 por ciento en las facturas emitidas. Los nuevos profesionales pueden aplicar un porcentaje de retención menor, del 7 por ciento, durante el año en que se dan de alta y los dos siguientes. Si recibes una de estas facturas, puedes solicitar el certificado que avale que ese profesional tiene derecho a aplicar una retención de autónomo reducida.

Es recomendable que al terminar el año pidas a tus clientes los certificados de retenciones, ya que así podrás comprobar las cantidades que han ingresado a la Agencia Tributaria y contrastarlas con tu contabilidad. De la misma manera, debes enviarles a los empleados o profesionales con los que has trabajado un certificado anual en el que consten las cantidades que has ingresado a Hacienda.

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