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Blog Con Aval Sí

Contabilidad: Información financiera y contabilidad para pymes y autónomos

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Qué es un aval

La mayoría de los negocios necesitan financiación externa en algún momento, ya sea en sus inicios para comenzar la actividad o más adelante para ampliar sus operaciones o sobrellevar una mala racha. Uno de los principales escollos que encuentran las pymes y los autónomos en su camino a la financiación suele ser el aval, un requisito que exigen muchas entidades financieras para proteger su inversión.

¿Qué es un aval?

El aval es un contrato en el que se refleja el compromiso de cumplimiento de ciertas obligaciones ante un tercero. En práctica, una persona o entidad se compromete a garantizar tu deuda o las obligaciones no dinerarias que hayas contraído ante el acreedor, ya se trate de un banco, la Administración u otra empresa. Para que ese compromiso sea válido, debe existir un contrato por escrito, que se suele oficializar con un aval notarial para proporcionarle un mayor respaldo legal.

¿Qué partes intervienen en un aval?

  • Avalado. Es quien contrata el aval y se compromete a cumplir con la obligación principal, ya se trate de una pyme, un autónomo o una persona física.
  • Beneficiario. Es el receptor del aval, quien ha solicitado la presentación del mismo, generalmente la entidad bancaria o la Administración pública.
  • Avalista. Es la empresa u organización, como las Sociedades de Garantía Recíproca, que garantiza por medio del aval que el avalado cumplirá sus obligaciones, respondiendo por éste ante el beneficiario en caso de incumplimiento.

Los tipos de avales

  • Aval financiero. Este tipo de aval suele ser necesario cuando solicitas un préstamo o crédito, ya que así el banco se asegura de recibir el pago. Se utiliza para respaldar las obligaciones financieras que contraen las empresas frente a terceros, ya se trate de líneas de crédito, préstamos bancarios o letras financieras. Como este aval reduce el riesgo al que se expone el beneficiario, suele mejorar las condiciones de negociación para que las pymes y autónomos puedan obtener tipos de interés más bajos y plazos de devolución más amplios. También son una opción válida para cubrir el aplazamiento de pago o los préstamos ante la Administración.
  • Aval técnico. Estos avales garantizan que cumplirás con los compromisos no dinerarios que hayas contraído. Son comunes para respaldar importaciones y la ejecución de obras. También suelen ser un requisito para participar en concursos públicos y licitaciones, así como para garantizar las obligaciones legales contraídas con la Administración cuando se reciben subvenciones estatales. La principal diferencia entre el aval técnico y económico radica en que el primero garantiza el cumplimiento de tus obligaciones contractuales, mientras que el segundo cubre tus compromisos de índole financiera.
  • Aval comercial. Esta modalidad de aval se usa en las compraventas para garantizar el pago de la cantidad acordada. Se puede utilizar para avalar todo tipo de bienes, así como el fraccionamiento de los pagos a los proveedores, las sumas que entregas de manera anticipada y los pagos a cuenta. También se puede utilizar para avalar pagos rotativos, como los que se realizan cuando recibes suministros periódicos.

¿Cuándo se necesita un aval?

A lo largo de la vida de una empresa, es probable que atraviese diferentes situaciones en las que necesite un aval. En 2019, por ejemplo, el 34,8% de las pymes españolas necesitaron financiación, según el IX Informe de Financiación de la Pyme. Sin embargo, el 40 % de ellas encontraron obstáculos para acceder a ésta. Las dos dificultades más comunes fueron el elevado precio de la financiación, ya sea por los tipos de interés y los costes asociados, y la falta de garantías solicitadas. 

La mayoría de las empresas pide avales financieros para acompañar las solicitudes de financiación bancaria al circulante. Generalmente, se trata de préstamos a corto plazo que la empresa utiliza para hacer frente a los pagos.

Los avales técnicos son menos comunes, el año pasado solo los solicitaron el 4,9 por ciento de las empresas para garantizar que iban a entregar el producto o servicio contratado en tiempo y forma, según el IX Informe de Financiación de la Pyme. Es probable que necesites recurrir a estos avales si vas a participar en licitaciones y concursos públicos, ya que la Administración querrá cerciorarse de que puedes cumplir con las obligaciones que contraigas. También los necesitarás para acceder a proyectos de gran envergadura en el sector privado.

Las empresas también suelen solicitar avales para obtener la financiación bancaria que necesitan para realizar inversiones. Esos avales pueden servirte para mejorar la infraestructura de tu empresa, ampliar el almacén, contratar más personal o, incluso, poner en marcha un proceso de internacionalización.

Las empresas de reciente constitución, que suelen tener más dificultades para acceder a préstamos por la falta de historial crediticio y garantías, también recurren a menudo a los avales para financiar la compra de equipamiento o el alquiler del local.

¿Cómo obtener un aval?

  1. Cada entidad determina el proceso a seguir para los solicitantes de avales, pero suelen establecer dos requisitos fundamentales: la empresa no puede estar en concurso de acreedores y debe encontrarse al corriente de los pagos en la Seguridad Social y la Agencia Tributaria.
  2. Tendrás que presentar diferentes documentos, entre ellos la memoria de la actividad económica, donde se reflejen tus principales objetivos de negocio, así como los productos y/o servicios que ofreces. También tendrás que presentar la cuenta de pérdidas y ganancias de los dos últimos ejercicios cerrados y del actual. Si se trata de una empresa nueva, tendrás que presentar el plan de negocio, en el cual debe quedar claro su viabilidad y la estimación de los beneficios, ya que estos serán los que te permitan devolver el préstamo.
  3. Con esta información en mano, el banco o la SGR evaluará el nivel de riesgo que representa la operación, y decidirá si puede avalarte o no. Si consideran que la operación es viable, te informarán sobre los costes y condiciones ulteriores.

SGR: La vía más sencilla, rápida y económica para obtener un aval

Durante 2020, las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) concedieron una cifra récord de avales que supuso la inyección de 2.730 millones de euros a pymes y autónomos, lo cual ha contribuido al mantenimiento de cerca de 275.300 puestos de trabajo, según datos de CESGAR.

El principal objetivo de estas sociedades es facilitar el acceso a la financiación a pymes y autónomos. El aval de una SGR te sitúa en una posición más ventajosa para negociar con la entidad bancaria, de manera que podrías obtener una reducción de los tipos de interés y/o una ampliación de los plazos de devolución.

La gama de productos para autónomos de las SGR y los avales para pymes es muy amplia. Pueden avalarte tanto si necesitas un microcrédito de 25.000 euros, como si solicitas un préstamo de hasta 100.000 euros, ya sea ante entidades bancarias o el ICO. También pueden ayudarte si necesitas aplazar el pago de las compras a proveedores, recibir un anticipo de subvenciones o realizar operaciones de leasing.

Una característica que distingue a las SGR del resto de entidades financieras es que financian a largo plazo los proyectos empresariales. El 90% de los proyectos financiados son a más de 3 años, de los cuales el 45% son a más de 8 años.

¿Qué coste tiene un aval?

El aval es un producto de riesgo, por lo que siempre tiene un coste para quien lo contrata. Ese coste no depende de si el beneficiario ejecuta o no el aval, sino que se aplica en forma de tipos de interés y/o comisiones de gestión.

Una de las principales ventajas de los avales de las SGR es que tienen costos más reducidos. Estas sociedades suelen aplicar una comisión de estudio y una comisión de aval anual. Cuando acepten tu proyecto, tendrás que adquirir participaciones en proporción al préstamo solicitado, pero cuando termine la operación podrás recuperar ese capital.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
Diferencia entre aval técnico y económico

Los avales son esenciales a la hora de solicitar un crédito o presentar una oferta para un proyecto, pues son una garantía de que una entidad responderá por las obligaciones que contraes. Conseguir un aval también proporciona más credibilidad a tu empresa y mejora su imagen de cara a los clientes potenciales, lo que aumenta las posibilidades de acceder a proyectos de mayor envergadura. Para ampliar el horizonte de tu negocio, puedes recurrir a dos tipos de avales: el aval técnico o el aval económico, también conocido por aval financiero.

¿Qué es el aval técnico?

El objetivo principal del aval técnico es garantizar la capacidad de la pyme o el autónomo para cumplir con las obligaciones contractuales que ha contraído. Generalmente se solicita para participar en concursos y subastas públicas, así como para importar mercancías en régimen temporal, la ejecución de obras y los contratos de suministros.

La entidad que te avale responderá ante tu cliente por el incumplimiento de las obligaciones de carácter no económico. En una obra, por ejemplo, cubrirá posibles desviaciones de plazo, calidad y coste. Si no terminas en tiempo o la calidad final no es satisfactoria, el cliente para el que trabajas tiene derecho a ejecutar el aval y recibir una compensación por los daños causados.

Eso no significa que la entidad avalista asumirá tus prestaciones y se encargará de finalizar la obra o solucionar los problemas de calidad, sino que indemnizará económicamente a tu cliente según el perjuicio causado y las condiciones que estipule el contrato del aval.

¿Qué es el aval económico?

Los avales económicos se centran en garantizar las operaciones en las que sea necesario pagar una cantidad determinada en un plazo de tiempo específico, cubriendo los compromisos y obligaciones de pago que la pyme o autónomo contraiga con otra persona o empresa. Los avales económicos se dividen, a su vez, en dos categorías:

1.     Aval comercial

La entidad avala el pago de las sumas derivadas de operaciones de naturaleza comercial, como pueden ser: la compraventa de bienes, el fraccionamiento de pagos o los pagos a cuenta. En algunos casos, se pueden avalar pagos rotativos, como los que se realizan cuando se entregan suministros periódicamente. 

El aval comercial se suele utilizar en las operaciones de compraventa y es habitual anexarlo al contrato. En este caso, la entidad avalista sí asume tus obligaciones, ya que son de tipo económico. De hecho, los avales comerciales suelen tener un carácter solidario, lo cual significa que la entidad avalista responderá por todas tus obligaciones.

2.     Aval financiero

La entidad avalista garantiza el pago del préstamo o crédito que has contraído con otra entidad financiera. Este aval suele ser necesario cuando solicitas un préstamo o crédito, ya que así el banco se asegura de que recibirá el pago.

Al brindar mayor cobertura a los bancos reduciendo el riesgo al que se exponen, los avales financieros suelen mejorar los tipos de interés y plazos de devolución. Además, solo pagarás por los gastos de estudio de la operación de financiación y la comisión por la aceptación del aval, y no se aplican intereses, por lo que suele ser una opción más económica y conveniente que avalar con el patrimonio personal.

Las diferencias entre el aval técnico y económico

La principal diferencia entre el aval técnico y económico es que, mientras que el primero garantiza el cumplimiento de tus obligaciones contractuales, el segundo garantiza los compromisos de índole comercial o financiera que adquieras. Por eso, los avales técnicos se suelen utilizar para presentaciones a concursos o licitaciones para contratos de obras, mientras que los avales económicos se enfocan en garantizar operaciones que demandan el pago de una cantidad de dinero, ya sea a proveedores o entidades bancarias.

Otra de las principales diferencias entre el aval técnico y económico se refiere a sus implicaciones financieras. Con un aval técnico evitas la inmovilización del capital que suele destinarse a la constitución en efectivo de las fianzas mientras dure el contrato. Por tanto, tendrás más libertad para disponer de tus recursos económicos. El aval técnico tampoco exige pignoración de fondos por parte de la empresa, mientras que las entidades bancarias pueden llegar a pedirte que inmovilices gran parte de la garantía solicitada para concederte el aval económico.

Otra diferencia importante es que el aval técnico no se considera un producto financiero, según el Banco de España. Al no pasar por el sistema bancario, no computará en el CIRBE, el registro donde se anotan las obligaciones contraídas con las entidades financieras. Así, podrás mantener libres los límites de riesgo con las entidades de crédito, de manera que tu capacidad crediticia no se vea afectada, lo cual te permitirá recurrir a esos recursos bancarios para financiar otros proyectos y lograr que tu negocio siga creciendo.

Por último, recuerda que, si necesitas un aval técnico o económico, puedes pedirlo online, a través de Con Aval Sí. Plataforma que respalda la financiación de emprendedores, pymes y autónomos para que puedan desarrollar sus proyectos profesionales. 

 

 

 

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
Cómo calcular el finiquito de un trabajador

Cuando un trabajador abandona una empresa, ya sea por voluntad propia o por un despido, es importante seguir el procedimiento estipulado para evitar reclamaciones. En esos casos, la Ley del Estatuto de los Trabajadores deja claro que todo trabajador tiene derecho al finiquito. Esa compensación económica no está vinculada a la causa de la extinción laboral, sino que se aplica lo mismo a la baja voluntaria que al despido laboral o la finalización del contrato laboral.

¿Qué es un finiquito?

Cuando termina la relación laboral entre la empresa y un trabajador, esta debe realizar una propuesta de liquidación de las cantidades que le adeuda, es lo que se conoce como finiquito de trabajo. En ese documento no solo se desglosan los conceptos y cantidades que la empresa debe liquidar al trabajador, sino que también implica que ambas partes están de acuerdo en rescindir el contrato laboral.

¿Qué incluye el finiquito de un trabajador?

En el finiquito de trabajo se suma todo aquello que la empresa debe al trabajador por las funciones desempeñadas, añadiendo la indemnización por despido, si es el caso. Para calcular el finiquito de un trabajador hay que tener en cuenta:

  • La parte de la nómina correspondiente al mes en que finaliza la relación laboral.
  • Los días de vacaciones pendientes que el trabajador no llegó a disfrutar.
  • La parte proporcional a la paga extraordinaria, si se cobra aparte y no está prorrateada en la nómina.
  • Deuda de la empresa de los últimos 12 meses, como alguna comisión que no se percibió en su momento.

¿Cómo calcular el finiquito por baja voluntaria?

La empresa debe confeccionar un documento en el que refleje las remuneraciones devengadas y las que todavía no se han percibido, así como la indemnización, si procede. No existe un modelo estandarizado de finiquito, pero este documento debe reflejar explícitamente su finalidad y contenidos.

Salario pendiente del mes en curso

  1. Dividir el salario por 30 días, para conocer el salario diario.
  2. Multiplicar el salario diario por los días efectivamente trabajados.

Por ejemplo, si el salario mensual del trabajador es de 1.500 €, se divide entre 30 días, obteniendo 50 € diarios. Si el empleado trabajó hasta el día 10 del nuevo mes, se multiplica 10 x 50, lo que arroja 500 €. A esa cantidad se le deben restar las deducciones de Seguridad Social e IRPF que paga la empresa. El resultado es el salario pendiente del mes en curso.

Días de vacaciones no disfrutadas

  1. Contar los días del año trabajados hasta el cese de la relación laboral.
  2. En base a los días de vacaciones por año trabajado que se aplican, se calculan los días de vacaciones acumuladas y se restan los días que ya se hayan disfrutado.
  3. Los días no disfrutados se multiplican por el salario diario.

Si el contrato terminó el 10 de diciembre, por ejemplo, el empleado habrá trabajado ese año 344 días. Dado que cada año se aplican 30 días de vacaciones, hasta ese momento le corresponderían 28,27 días, los cuales se deben multiplicar por los 50 € diarios. Si el empleado ya ha disfrutado de unos días de vacaciones durante ese año, estos se restan al total.

Pagas extraordinarias

Este cálculo se realiza de manera independiente para cada una de las pagas extraordinarias siguiendo la misma lógica que en el cálculo del salario pendiente, excepto porque no se restan las deducciones de Seguridad Social sino tan solo el IRPF correspondiente.

  1. Tomando como referencia los días trabajados, se determina a cuántas pagas extraordinarias tiene derecho el trabajador. Si la relación laboral cesa en septiembre, por ejemplo, el trabajador tendrá derecho a la paga de Navidad que se devenga en enero y a la de verano.
  2. Dividir cada paga entre 360 días para calcular la media de paga extraordinaria diaria.
  3. Multiplicar esa media por los días transcurridos desde que se devengaron las pagas hasta el cese de la relación laboral.

Complementos salariales

Si la empresa brindaba complementos salariales y no salariales, debe incluirlos en el cálculo del finiquito teniendo en cuenta el tiempo trabajado. La antigüedad, nocturnidad, turnicidad, peligrosidad o las primas a la producción son algunos de los complementos salariales más comunes. Dentro de los complementos no salariales se encuentran las compensaciones por los gastos del trabajador mientras desarrollaba su actividad laboral, los pluses de transporte o distancia, así como las dietas de viaje.

Sin embargo, el cobro de algunos complementos está sujeto a que el trabajador siga perteneciendo a la empresa. En ese caso, el empleado pierde el derecho a los complementos y si ha recibido algún anticipo, la empresa tiene derecho a reclamarlo, de manera que el resultado del finiquito podría salir negativo.

Indemnización por despido

El cálculo de este finiquito es más complejo ya que depende de los motivos del despido laboral, aunque básicamente se trata de multiplicar los días por año trabajado según el tipo de despido por el salario diario, sumándole el resultado de dividir el total de pagas extras entre los 365 días del año.

En el caso del despido improcedente, por ejemplo, se calculan 33 días por año de trabajo hasta un máximo de 24 mensualidades. En los despidos colectivos o causas de fuerza mayor se prevén 20 días por año de trabajo hasta un máximo de 12 mensualidades.

Al final, la suma de todas las partes dará como resultado el finiquito de trabajo que la empresa debe pagar.

¿Cuál es el plazo para recibir el finiquito?

Si el finiquito responde a un despido o a la finalización del contrato laboral, la empresa debe entregarlo junto a la comunicación del despido o el día en que termine el contrato. Si la empresa da días de preaviso, el finiquito se presentará el último día de trabajo, para ajustar las cantidades a esta fecha.

Si es el trabajador quien pide la baja voluntaria y no ha avisado con antelación, es posible que la empresa no pueda tener listo el finiquito para el último día de trabajo. Sin embargo, tiene la obligación de calcular el finiquito y entregarlo lo antes posible.

La ley no establece un plazo límite para que la empresa ingrese el finiquito, pero lo correcto es realizar ese pago en el momento de entregar el finiquito o en los días inmediatamente posteriores al cese de la relación laboral. En cualquier caso, el trabajador tiene un plazo de un año para reclamar la cuantía que la empresa le adeuda.

¿Es obligatorio firmar el finiquito?

El finiquito tiene un valor liberatorio para ambas partes y se considera como la prueba de la extinción del contrato laboral. Sin embargo, ese valor liberatorio no supone que el trabajador renuncie a sus derechos, aunque le resultará más difícil reclamar si ya ha firmado y dado su conformidad.

Por eso los abogados suelen recomendar a los trabajadores firmar el finiquito indicando “no conforme”. Así será más fácil reclamar en caso de que se haya producido algún error o no se reciba el pago. De hecho, la firma del finiquito implica que el trabajador está conforme con el cálculo y que ha recibido la cantidad reflejada en el mismo. Si en el momento de firmar el finiquito todavía no ha recibido el dinero, puede señalar “cantidades no recibidas”.

Si el trabajador no está conforme con el finiquito, puede negarse a firmarlo y presentar una papeleta de conciliación en el juzgado de su domicilio para instar a la empresa a llegar a un acuerdo amistoso que evite la vía judicial.

 

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
¿Qué es el IBI y cómo se calcula?

Si eres propietario de un local o una oficina, tendrás que hacer frente a diferentes gastos fijos. Uno de esos gastos es el IBI, que se paga todos los años. Conocer la fecha de pago del IBI te permitirá no incurrir en sanciones tributarias y si sabes a cuánto asciende, podrás incluirlo en el plan de gastos de tu negocio.

¿Qué es el IBI?

El Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) es un tributo directo de carácter obligatorio gestionado por los Ayuntamientos, aunque algunos pueden delegar su cobro en otros entes. Este impuesto grava la titularidad de los derechos de propiedad, usufructo, superficie y concesión administrativa sobre inmuebles, ya sean urbanos o rústicos.

¿Quién debe pagar el IBI?

Todas las personas que tengan derechos sobre los bienes inmuebles deben pagar el IBI. De hecho, este impuesto no solo se aplica al derecho de propiedad, sino también al derecho de superficie, usufructo o concesión administrativa.

En el caso de las oficinas o locales alquilados, lo habitual es que sea el propietario quien se encargue de pagar el IBI. No obstante, si el propietario llega a un acuerdo con el arrendatario y lo plasma en el contrato de alquiler, puede repercutirle el IBI según el porcentaje convenido.

Cuando se vende la propiedad, corresponde al vendedor pagar el IBI, ya que el hecho imponible se aplica el primer día del año, momento en el cual el vendedor figura como propietario. No obstante, el vendedor tiene derecho a recurrir a los Tribunales para recuperar la parte proporcional de los días pendientes desde que se produjo la venta hasta fin de año.

¿Cuál es la fecha de pago del IBI?

Este impuesto se aplica cada 1 de enero, aunque cada Ayuntamiento tiene libertad para indicar la forma y fecha de pago, así como las facilidades para realizar el mismo. Ten en cuenta que, si pagas fuera de plazo, incurrirás en una sanción tributaria con un recargo que varía desde el 5 hasta el 20% sobre la cuota a pagar.

¿Cómo calcular el IBI?

Para calcular el IBI hay que partir del valor catastral del inmueble, que se determina según el valor del suelo donde se encuentra la propiedad y el valor de las construcciones ubicadas en el mismo. El Catastro Inmobiliario, siguiendo los criterios de Hacienda, es quien realiza ese cálculo, tomando en consideración variables como la localización del inmueble y su valor en el mercado, el costo de la construcción y su antigüedad, el uso del inmueble, así como el valor del suelo y sus características urbanísticas.

Sobre la base liquidable, los Ayuntamientos aplican un gravamen que distingue entre los bienes urbanos, rústicos o de características especiales. En el caso de los inmuebles urbanos ese gravamen oscila entre el 0,4 y el 1,1 %, con algunas excepciones que pueden alcanzar hasta el 1,17 %. Aquí puedes comprobar la actualización de los valores catastrales por coeficientes en tu municipio.

Cabe aclarar que el pago del IBI por el local donde se encuentra tu negocio es un gasto fiscalmente deducible. Si eres autónomo y trabajas en casa, también podrás deducir parcialmente el IBI, según los metros cuadrados que hayas notificado a Hacienda.

Las exenciones y bonificaciones del IBI

Existen algunos inmuebles que están exentos del pago del IBI, como aquellos que son propiedad del Estado, las comunidades autónomas o entidades locales, así como los que pertenecen a la Iglesia Católica y la Cruz Roja.

También están exentos del pago del IBI los bienes de interés cultural, los bienes comunales y montes vecinales en mano común, así como los montes poblados por especies de crecimiento lento, los terrenos ocupados por líneas de ferrocarril y carreteras de uso público, y aquellos sujetos a exenciones internacionales.

Además de las bonificaciones al IBI que aprueben los diferentes Ayuntamientos, a nivel nacional se aplica:

  • Bonificación de entre el 50 y el 90 % sobre los inmuebles que constituyan el objeto de la actividad de las empresas de construcción, urbanización y promoción inmobiliaria.
  • Bonificación del 50 % sobre las viviendas de protección oficial.
  • Bonificación del 95 % sobre los bienes rústicos de las cooperativas agrarias o de explotación comunitaria de la tierra.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
como hacer el cierre contable de tu empresa

El cierre contable es uno de los procesos más importantes en la contabilidad de una empresa. Al revisar y cuadrar las cuentas se puede determinar con exactitud si el negocio ha generado ganancias o pérdidas durante el ejercicio. El cierre contable también proporciona una panorámica general del estado del negocio y se convierte en una valiosa herramienta para la planificación y toma de decisiones de cara al próximo año.

¿Qué es el cierre contable?

El cierre contable es un procedimiento mediante el cual se cuadran y finalizan las cuentas anuales de una empresa dentro de un ejercicio contable, que normalmente implica un periodo de doce meses y se suele asociar al año natural, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, haciendo coincidir el fin del año fiscal con el final del año natural. La empresa tiene un plazo de seis meses para trasladar esa información a Hacienda, ya que es la base sobre la que se calculan las obligaciones fiscales correspondientes.

Cierre contable paso a paso

Antes de comenzar el cierre contable de la empresa hay que cuadrar la contabilidad. Por tanto, tendrás que comprobar que los datos coincidan con lo que reflejan los libros de tu negocio y realizar los ajustes necesarios para seguir adelante con el asiento de cierre contable. 

  1. Hacer el balance de comprobación de sumas y saldos. Al comprobar la suma del debe y el haber de las diferentes cuentas y el saldo correspondiente, podrás conciliar el libro mayor con la estructura económica y financiera de la empresa. Esta operación también permite detectar posibles errores en los mayores contables de alguna cuenta del libro diario.
  2. Comprobar el plan general contable. Verifica que no hay errores en la contabilidad de los siguientes grupos o cuentas: Financiación básica, Activo no corriente, Existencias, Acreedores y deudores por operaciones comerciales, Cuentas financieras, Compras y gastos, Ventas e ingresos y Gastos e ingresos imputados al patrimonio neto.
  3. Revisar el recuento de existencias. Tendrás que restar las existencias no consumidas de las compras realizadas a lo largo del año, como las mercancías y las materias primas que se utilizan para fabricar productos. Esa cifra debe cuadrar con el número de existencias que tienes en la actualidad. De hecho, una variación de existencias afectará al resultado de la empresa, originando un ingreso o gasto.
  4. Reclasificar deudas y créditos. Debes reclasificar las obligaciones pendientes del año contable y expresarlas como deudas a corto plazo según la cuantía a pagar en el ejercicio siguiente. Lo mismo se aplica a los créditos a cobrar de manera total o parcial durante el próximo ejercicio contable.
  5. Aplicar los ajustes contables por periodificación. Según el principio de devengo, todos los gastos e ingresos no se tienen en cuenta para realizar el cierre contable, por lo que debes realizar un ajuste en las cuentas. Los gastos que se anticipan para el año próximo o los pagos por adelantado de clientes no se pueden incluir en el ejercicio de ese año.
  6. Regularizar el asiento de pérdidas y ganancias. En este paso del cierre contable debes regularizar las cuentas de pérdidas y ganancias, analizando la diferencia entre ingresos y gastos. También debes regularizar las cuentas de patrimonio neto, el resultado de los gastos imputados al patrimonio neto y los ingresos imputados al patrimonio neto.
  7. Realizar el asiento de amortización del inmovilizado material. Para realizar el cierre contable de la empresa también debes tener en cuenta el precio, estado y valor de compra del inmovilizado material, aplicando los coeficientes de amortización correspondientes.
  8. Cerrar el libro de inventarios y las cuentas anuales. En este libro debe quedar reflejado el balance inicial al comienzo del ejercicio, los balances de comprobación de sumas y saldos, el inventario de cierre y las cuentas anuales.
  9. Asiento de regularización. Para terminar el cierre contable de la empresa debes calcular la diferencia entre ingresos y gastos durante el año. Así sabrás si se han generado pérdidas o ganancias. Luego tendrás que aplicar la cuota de impuesto de sociedades que corresponda, contrastándola con los pagos a cuenta y retenciones durante el ejercicio. Luego debes volver a calcular el asiento de regularización, incluyendo el gasto en impuesto de sociedades.
  10. Asiento de cierre. El último paso en el cierre contable del ejercicio consiste en saldar todas las cuentas abiertas. Tendrás que cargar las que tengan saldo acreedor y abonar las que tengan saldo deudor. A partir de este momento se dejan de registrar las operaciones de este periodo.
Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
Préstamos con aval

La mayoría de los negocios necesitan financiación externa en algún momento de su vida, ya sea al inicio para comenzar la actividad, en fase de crecimiento para costear inversiones importantes o durante una crisis para financiar el circulante. Los préstamos con aval son una alternativa de financiación para conseguir el capital necesario.

¿En qué consisten los préstamos con aval?

Para acceder a un préstamo, las entidades bancarias suelen exigir determinadas garantías, una de ellas es el aval. Los préstamos con aval son, por tanto, productos financieros en los que, para obtener el capital, es necesario presentar un aval como garantía de pago.

El aval es un contrato a través del cual una persona o entidad se compromete a garantizar tu deuda ante el acreedor, ya se trate de un banco, la Administración u otra empresa. En caso de impago, la entidad que te ha financiado reclamará al avalista la deuda.

Las ventajas de los préstamos con aval

Tipos de interés más bajos. Los préstamos con aval representan un riesgo menor para las entidades bancarias, en comparación con las operaciones financieras que se realizan sin aval, por lo que normalmente aplican tipos de interés más bajos.

Acceso a un capital mayor. Generalmente los bancos ofrecen mayores cantidades de dinero cuando la empresa cuenta con un aval, ya que se trata de una operación más segura, por lo que estos se convierten en una vía para ampliar la financiación.

Acceso a un préstamo sin historial crediticio. En algunos casos, como las empresas de reciente constitución o aquellas que no disponen de bienes suficientes para garantizar la devolución del préstamo, el aval es una condición imprescindible para acceder a la financiación, ya que la entidad bancaria tomará en cuenta el historial crediticio y/o la capacidad económica del avalista.

Tipos de préstamo con aval

Préstamos con aval personal. En este tipo de préstamos el avalista es una persona, quien responderá por la deuda en caso de impago. Se trata de una situación relativamente frecuente en las empresas de reciente constitución, cuando el emprendedor recurre a la ayuda de amigos y familiares que actúan como avalistas para financiar su proyecto.

Préstamos con garantía. En este caso, la empresa que solicita el préstamo ofrece como garantía un bien de valor superior al de la deuda que contrae. Normalmente se trata de una propiedad de la empresa, ya sea un local, terreno, nave, oficina o cualquier otro inmueble.

Una de las principales ventajas de este tipo de préstamos es que no es necesario demostrar ingresos ni facturación de la empresa. No obstante, generalmente la financiación se limita al 40 % del valor del bien en garantía y este debe estar libre de cargas o pagado al menos al 80 %. Además, el tipo de interés suele ser más alto que el de otros productos financieros y el impago de las cuotas puede suponer la pérdida de la propiedad.

Préstamos con aval financiero. En este tipo de préstamo, la empresa cuenta con el respaldo de una entidad externa que actúa como garante de la deuda y responde en caso de impago ante un tercero. Los bancos pueden emitir un aval financiero a sus clientes para que puedan obtener créditos o préstamos con otras entidades, aunque las comisiones que se aplican en estos casos suelen ser altas.

Las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) también brindan avales a las pymes y autónomos que quieran acceder a un préstamo. Las SGR están formadas por socios que aportan fondos según el capital que soliciten, quienes obtienen a cambio un aval que les permite conseguir mejores condiciones de financiación en términos de plazos y tipos de interés con las entidades bancarias. Una de las ventajas de contar con las SGR es que pymes y autónomos también podrán tener el apoyo de expertos que les asesoren durante todo el proceso de búsqueda de financiación.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
Diferencias entre crédito y préstamo

Si trabajas como autónomo o tienes una pyme, no es necesario que te especialices en Economía y Finanzas, pero es fundamental que domines los conceptos básicos que te permitan llevar adelante tu negocio con éxito. De hecho, es probable que en algún momento necesites explorar las diferentes opciones de financiación para costear una inversión importante o financiar el circulante. En ese caso tendrás que elegir entre solicitar una línea de crédito o pedir un préstamo.

Los conceptos de préstamo y crédito

Los préstamos y los créditos son dos de los productos bancarios más demandados, tanto por los autónomos como por las empresas. Aunque parecen productos similares, existen diferencias entre crédito y préstamo que pueden inclinar la balanza a la hora de acceder a la financiación que necesitas.

En sentido general, es conveniente recurrir a un préstamo cuando vas a realizar una inversión importante en tu negocio que amortizarás a largo plazo, como acondicionar el local, ampliar el almacén, comprar maquinaria costosa o realizar una operación inmobiliaria.

La línea de crédito, al contrario, es más conveniente para cubrir las necesidades cotidianas del negocio. Las pymes y autónomos usan los créditos como un colchón financiero para cubrirse las espaldas ante el retraso en los pagos de clientes, para adelantar los pagos a los trabajadores o proveedores y cubrir gastos imprevistos.

Las principales diferencias entre crédito y préstamo

-       Recepción del dinero. Una de las diferencias más relevantes entre crédito y préstamo radica en que si solicitas un préstamo recibirás inmediatamente todo el dinero. En cambio, si pides un crédito, tendrás acceso al dinero para ir utilizándolo poco a poco, según las necesidades de tu negocio, ya que el banco no pone a tu disposición la suma total desde el inicio, sino que la desbloquea mediante una serie de cuotas o bajo requerimiento.

-       Pago de intereses. La forma en que accedes al dinero influye en los intereses que tendrás que pagar. En el caso del préstamo, pagarás los intereses por todo el capital recibido, mientras que con un crédito solo pagarás intereses por el dinero que hayas utilizado, si bien algunas entidades bancarias pueden aplicar una pequeña comisión sobre el saldo no dispuesto. Aunque el monto de los intereses depende de numerosos factores, como regla general los intereses de un préstamo suelen ser mayores que los de una línea de crédito, ya que esta última suele suponer una operación menos arriesgada para el banco.

-       Plazo de amortización. Los préstamos son un acuerdo fijo en el que se establecen de antemano los plazos para devolver el capital, generalmente a través de una serie de cuotas prefijadas de carácter regular. No obstante, también suelen tener un plazo de amortización mayor, otra de las razones por la cual son un producto financiero más caro que los créditos. Con una línea de crédito no tendrás una cuota obligatoria mensual y podrás disfrutar de un margen de libertad más amplio para decidir las cantidades y el periodo en el que devolverás el dinero, lo cual puede ser interesante si enfrentas problemas puntuales de liquidez.

-       Renovación y disponibilidad. Otra diferencia importante entre crédito y préstamo es que cuando devuelves el dinero adeudado como parte de un crédito, ese capital sigue estando disponible para que puedas usarlo mientras se mantenga activa la línea. De hecho, los créditos se suelen renovar de manera anual para permitir que sigas usando la línea de financiación siempre que lo necesites. En el caso del préstamo, el capital que hayas amortizado a través del pago de las cuotas no volverá a estar disponible, a menos que formalices otro préstamo.

En cualquier caso, ya necesites pedir un préstamo o un crédito, recuerda que con el apoyo de las Sociedades de Garantía Recíproca puedes tener un acceso más fácil a la financiación y negociar mejores condiciones para tu negocio.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
financiación negocio

La mayoría de las pymes necesitan inversión, ya sea al inicio para poner en marcha el negocio o más adelante para afrontar problemas de liquidez, internacionalizar su actividad o ampliar su capacidad productiva. En muchos casos el emprendedor no puede afrontar esa inversión con recursos propios y necesita buscar financiación externa.

¿Cómo buscar financiación para un negocio en 5 pasos?

  1. Calcula cuánto necesitas

El primer paso para buscar financiación para un negocio consiste en determinar sus necesidades reales. Así podrás calcular el capital que necesitas y no caer en un sobreendeudamiento. En ese cálculo preliminar debes considerar todos tus gastos, desde los gastos de personal hasta los costes fijos como el alquiler del local, seguros, recibos de suministros y pagos a proveedores.

Si aún no has puesto en marcha la actividad, al buscar financiación para una idea de negocio tendrás que tener en cuenta los gastos de apertura del local, las licencias y trámites iniciales, así como los gastos de constitución de la empresa y la inversión inicial destinada a la compra de suministros y/o mercancía.

  1. Haz un plan de negocio

Buscar financiación para empresas o proyectos de negocio suele implicar llamar a la puerta de entidades financieras o inversionistas. Tendrás que presentarles un plan de negocio sólido y fiable que les convenza y anime a invertir.

Ese plan de negocio debe dejar clara tu propuesta de valor única, eso que te diferencia de la competencia y hace que las personas quieran contratar tus servicios o comprar tus productos. También debes esbozar la viabilidad económica de tu proyecto, detallando tanto tu modelo de negocio como la previsión de costes y ganancias a corto, medio y largo plazo.

  1. Elige la fuente de financiación más adecuada

Existen diferentes formas de financiación, la elección de una u otra puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso de un proyecto empresarial. Si tienes una empresa tecnológica, por ejemplo, las líneas de financiación de proyectos I+D+i del Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial pueden ser una excelente opción, así como las aceleradoras e incubadoras de startups o el Venture Capital.

Si tienes un negocio más tradicional o ya consolidado, además de los préstamos bancarios puedes recurrir a las líneas ICO, las cuales contribuyen a mejorar la liquidez de las pymes o las ayudan a crecer y/o internacionalizarse. Existen otras estrategias de financiación, como el leasing, que te permite usar determinados bienes o inmuebles pagando una renta durante cierto periodo de tiempo y, al terminar el contrato, puedes comprarlos pagando el precio residual.

  1. Prepara la documentación

Buscar financiación para tu proyecto implica que tendrás que preparar diferentes documentos. Si ya tienes una pyme, el pool bancario es fundamental, pues en este documento se detallan todos los productos de financiación bancaria que tienes contratados y las entidades con las que trabajas.

También tendrás que demostrar tu capacidad de reembolso, aportando la documentación económica y financiera de tu negocio. Puedes justificarla recurriendo a facturas proforma, previsiones de crecimiento, declaración de bienes, certificados de valores y/o los saldos en cuenta de la empresa.

  1. Negocia con garantías

Cuando decidas cuál es la fuente de financiación más adecuada para suplir las necesidades de tu negocio, habrá llegado la hora de la negociación. Contar con el aval de una SGR te allanará el camino.

No solo podrás brindar una imagen más profesional y solvente, sino que también te permitirá ampliar tu capacidad de endeudamiento para tener acceso a préstamos que inicialmente no estaban a tu alcance. Un aval para buscar financiación para tu negocio también puede reducir los costes financieros de la operación, ya que este disminuye el riesgo de cara a las entidades financieras. Además, te permitirá negociar plazos de devolución más ventajosos y/o acceder a tasas de interés más bajas.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
Financiación empresas en crisis

La mayoría de las empresas, sobre todo las pymes, son particularmente vulnerables a los cambios que se producen en el entorno donde operan. Cuando ocurren cambios drásticos, como los que se han producido debido a la crisis de la Covid-19, que han supuesto el cierre de negocios, la fractura en las cadenas de suministro y la disminución de la demanda, muchas actividades empresariales quedan en situación de riesgo y necesitan recurrir a préstamos o créditos para empresas en crisis.

¿Cuáles son las principales vías de financiación para empresas en crisis?

1. Entidades bancarias

Las entidades bancarias suelen ser la primera opción en la que piensan los emprendedores cuando su negocio está en crisis. Puede ser una alternativa interesante si, por algún motivo, la empresa está teniendo problemas de impago por parte de sus clientes, pero debe pagar a sus proveedores, seguir pagando las nóminas de sus empleados y hacer frente a sus costes habituales, de manera que podría pedir al banco una ampliación de la línea de crédito.

2. En plena crisis del coronavirus, las principales entidades bancarias del país han puesto en marcha una línea de créditos, como parte de la línea de avales públicos del ICO que aprobó el Gobierno por un valor de 100 000 millones de euros.. La concesión de estos créditos y préstamos a las empresas en crisis supone el acceso a un capital mayor, con intereses menores, y un plazo de devolución más amplio, con un periodo de carencia más largo. No obstante, el tipo de interés puede variar de una entidad a otra o incluso de un cliente a otro, según el nivel de riesgo que represente, aunque siempre dentro de los márgenes establecidos.Venture Capital

En el caso de las pymes de reciente constitución que tienen un gran potencial de crecimiento, pero que se han visto frenadas por factores externos, recurrir al venture capital puede ser una buena solución para resolver una crisis. El venture capital es una operación financiera en la que se aporta capital a las pymes que tienen grandes expectativas de rentabilidad, pero también representan un nivel de riesgo elevado.

En este caso, quien aporta el capital se hace con un porcentaje de la empresa, que generalmente oscila entre un 25-30 % de la misma. Vale aclarar que, aunque las sociedades de capital de riesgo suelen apostar por proyectos innovadores y disruptivos, algunas también financian a pymes en crisis cuando consideran que es posible reflotar el negocio y hacerlo crecer.

3. Ayudas y subvenciones estatales

Cuando se atraviesan periodos económicamente convulsos, los gobiernos suelen poner en marcha planes para facilitar la financiación de autónomos en crisis o empresas. Para mitigar el impacto económico de la Covid-19, por ejemplo, el gobierno ha puesto en marcha un plan de ayudas que cuenta con 200 000 millones de euros, parte del cual está destinado a apoyar a pymes y autónomos.

Se ha activado una línea de créditos ICO, gran parte de la cual se destina a la financiación del turismo, a la que pueden acogerse las empresas de transporte, hoteles o agencias de viajes, entre otras. También se ha creado una línea de ayuda de 2 000 millones para las empresas exportadoras y otra de 25 millones para las empresas innovadoras de base tecnológica, mediante el programa NEOTEC del CDTI. El gobierno destinará, además, 76,4 millones de euros a pymes y autónomos del sector de la cultura, de los cuales, 20 millones se gestionarán a través de CREA SGR.

En cualquier caso, recuerda que, a través de Con Aval Sí, podrás acceder a las líneas especiales de avales aprobadas por las distintas SGR, con el apoyo de CERSA y de los gobiernos de las distintas comunidades autónomas, que facilitan el acceso a liquidez a pymes y autónomos afectados por la crisis de la Covid-19.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
Gastos deducibles autónomos

Si trabajas como autónomo, incurrirás en una serie de gastos derivados de tu actividad profesional que puedes deducir de los impuestos para ajustar tu balance. Los gastos deducibles son todos aquellos costes que se pueden desgravar fiscalmente, aunque cada cierto tiempo la Agencia Tributaria realiza cambios que debes conocer para que no te lleves sorpresas inesperadas en caso de inspección.

¿Cuáles son los requisitos para que un gasto sea deducible?

La Agencia Tributaria establece tres condiciones para aceptar la deducción de un gasto:

  1. relacionado con tu actividad económica.
  2. estar justificado, lo cual significa que debes tener factura o, en su defecto, un recibo en el que aparezcan tus datos fiscales.
  3. estar registrado en tus libros de Contabilidad como gasto o inversión.

Principales gastos deducibles de los autónomos en el IRPF

Consumos de explotación. Podrás deducir los gastos en los que incurras al comprar mercancía, materias primas, material de oficina y todos aquellos productos que necesites para tu negocio.

Gastos de personal. Los pagos a los trabajadores que estén a tu cargo, así como las dietas, asignaciones para viajes, indemnizaciones o premios son deducibles. También puedes desgravar los gastos de formación, los seguros de accidente, las contribuciones a los planes de pensiones y los gastos de la cesta de Navidad.

Servicios de profesionales independientes. Los honorarios de los profesionales que contrates para el ejercicio de tu actividad también se consideran gastos deducibles, así como las comisiones de agentes comerciales o mediadores.

Tributos fiscales. Los principales impuestos deducibles son el impuesto de bienes inmuebles (IBI) y el impuesto de actividades económicas (IAE). No obstante, puedes deducir todos los tributos, tasas y recargos que pagues, excepto las sanciones y los recargos de apremio o aquellos en los que incurras por presentar fuera de plazo las declaraciones de Hacienda.

Arrendamientos y cánones. El alquiler del local donde realizas tu actividad, los cánones que pagues, así como las cuotas de leasing, se consideran gastos deducibles.

Reparaciones y conservación. Los gastos de mantenimiento en bienes muebles o inmuebles en los que incurras para poder seguir realizando tu actividad con normalidad también son deducibles.

Gastos financieros. Los intereses de préstamos y créditos, los gastos por los servicios bancarios y los recargos por aplazamiento del pago de deudas son gastos que puedes desgravar. También podrás deducir los gastos de contratos mercantiles, como las escrituras de la constitución de una sociedad, el traspaso de local o la fianza por el alquiler.

Cuotas a organismos públicos y/o privados. Tanto las cotizaciones del autónomo a la Seguridad Social como la de los trabajadores se consideran gastos deducibles. También lo serán las cuotas que pagues a las asociaciones profesionales, empresariales, corporaciones y cámaras.

Seguros. Puedes desgravar las primas de los seguros relacionados con la actividad económica que desarrollas. Si tienes un seguro de enfermedad que incluya a tu pareja e hijos menores de 25 años que convivan contigo, también puedes deducirlo, con un límite de hasta 500 euros por persona.

Gastos adicionales. Los costes del transporte y los suministros de electricidad, agua y telefonía del local donde trabajas son deducibles. También lo son los gastos en I+D en los que incurras para impulsar tu negocio, así como la adquisición de libros, la suscripción a revistas profesionales y los gastos de asistencia a eventos relacionados con tu actividad.

Amortizaciones. Corresponde a la depreciación de las inversiones que has realizado en inmovilizado material o intangible para desarrollar tu actividad, las cuales se van realizando año tras año según los coeficientes de amortización que establece la Agencia Tributaria.

Otros gastos deducibles aprobados para los autónomos

Con la Ley de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo se incluyeron dos deducciones nuevas en el IRPF:

Suministros domésticos. Si trabajas desde casa y se lo has indicado a la Agencia Tributaria, podrás desgravar el 30% de los gastos del suministro de agua o electricidad, en proporción a la superficie que destines al uso de tu actividad. Si estás alquilado, para desgravar la parte correspondiente del alquiler debes tener dos facturas diferenciadas. También podrás deducir los gastos de telefonía si cuentas con un teléfono para uso profesional exclusivamente.

Dietas de manutención. Podrás deducir 26,67 euros diarios o 48 euros en el extranjero por concepto de dietas. Si pernoctas, la cifra asciende a 53,34 euros diarios en España y 91,35 euros en el extranjero. Puedes incluir los gastos de restaurante, alojamiento y transporte público, a condición de que pagues mediante medios electrónicos y presentes las facturas.

Autor: ConAvalSí
Categoría: Contabilidad
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