En algún momento, la mayoría de las pymes necesita recurrir a la financiación externa, ya sea para impulsar su crecimiento o para gestionar tensiones puntuales de liquidez. Sin embargo, las entidades financieras suelen solicitar garantías, por lo que no es extraño que la necesidad de avales haya aumentado del 16,2% en el año 2023 al 18,1% en 2024, según el último informe de Cesgar.
Un aval implica que otra persona o entidad se compromete a garantizar la deuda que has contraído con el banco, la Administración u otra empresa, por lo que aporta seguridad a la transacción. No obstante, cuando saldes esa deuda, también tendrás que proceder a la cancelación del aval.
El artículo 1847 del Código Civil deja claro que “la obligación del fiador se extingue al mismo tiempo que la del deudor, y por las mismas causas que las demás obligaciones”. Significa que, cuando saldas la deuda pendiente, el aval pierde automáticamente su validez, ya que desaparece la obligación garantizada, extinguiendo la obligación del avalista.
No obstante, es conveniente que el proceso de cancelación del aval quede registrado correctamente. Así, no solo liberas formalmente al avalista de cualquier obligación futura, sino que también refuerzas la credibilidad, seriedad y profesionalidad de tu empresa, lo que podría influir positivamente en futuras solicitudes de crédito o negociaciones financieras.
La primera condición para cancelar un aval es saldar completamente la deuda, algo que no solo incluye el capital pendiente, sino también los intereses, comisiones y cualquier otro gasto adicional asociado al préstamo o crédito.
Luego, debes pedir un certificado de deuda cero o un documento equivalente del acreedor que confirme que no queda nada pendiente de pago. Como norma general, los bancos emiten ese certificado de manera gratuita.
Tras pagar la deuda, puedes solicitar formalmente la cancelación del aval a la entidad que lo emitió. Es recomendable que hagas dicha solicitud por escrito e incluyas:
La entidad revisará la documentación y verificará que la deuda ha sido efectivamente saldada.
Si todo está en orden, la entidad podrá emitir un documento de cancelación del aval o carta de liberación. Esa confirmación por escrito es importante, ya que implica una constancia oficial de que el aval ha sido cancelado correctamente. Además, si contabas con el aval de una de las Sociedades de Garantía Recíproca, la cancelación del mismo te permitirá recuperar las cuotas que pagaste para convertirte en socio partícipe, las cuales son reembolsables a la empresa.
No obstante, dependiendo del tipo de aval y el acuerdo que hayas firmado, es posible que tengas que afrontar algún gasto adicional. Estos costes, que oscilan entre el 1-5% del importe del aval o una tarifa fija estipulada con anterioridad, se suelen aplicar cuando se realiza una cancelación anticipada o se destinan a cubrir la gestión administrativa. Por eso, es importante que leas detenidamente el contrato de aval en busca de posibles gastos asociados a su cancelación.
A continuación, debes actualizar los registros relacionados con tu empresa; o sea, en los organismos o entidades que tenían información sobre el aval, ya sean bancos, instituciones financieras o registros comerciales. Así, evitas que pesen deudas o compromisos que ya has satisfecho sobre tu negocio. Y no olvides informar a los socios o a la dirección de la empresa, una buena práctica que fomenta la transparencia financiera.
Por supuesto, es recomendable que conserves una copia de todos los documentos y comunicaciones relacionadas con la operación de cancelación del aval por el pago de la deuda, ya que podrían ser útiles en caso de auditoría o, incluso, para respaldar solicitudes de crédito futuras.
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