El aval es una herramienta clave para generar confianza en el ámbito empresarial. Ya sea para obtener un crédito, garantizar el cumplimiento de un contrato, acceder a una licitación pública o respaldar obligaciones frente a terceros, muchas pymes y autónomos recurren a esta fórmula para sostener o impulsar su negocio.
De hecho, el porcentaje de empresas que necesitan garantías o avales ha aumentado ligeramente del 16,2% en el año 2023 al 18,1% en 2024, según el último informe de Cesgar. En 2025, se formalizaron 25.074 avales a través de las Sociedades de Garantía Recíproca, lo que supuso un aumento del 14% en el importe de financiación concedida respecto al ejercicio anterior. Sin embargo, estos avales no son indefinidos, tienen una vigencia concreta y cubren aspectos específicos, por lo que quizá en algún momento necesites renovarlos.
Como norma general, tendrás que renovar el aval cuando su plazo de validez esté a punto de expirar y la obligación que garantiza siga vigente. Es una situación relativamente habitual en los contratos de larga duración, como las obras públicas, suministros continuados o concesiones administrativas.
Por ejemplo, si una empresa de construcción presenta un aval técnico para garantizar la ejecución de una obra que iba a durar 12 meses, pero el proyecto se retrasa, tendrá que prorrogar el aval para que siga cubriendo el riesgo durante el tiempo adicional. En ese caso, se hace referencia a un vencimiento de plazo.
Otro escenario que suele demandar la renovación del aval son las licitaciones públicas. En España, muchas administraciones exigen garantías que cubran tanto la fase de adjudicación como la ejecución del contrato. Si el contrato se amplía, modifica o simplemente se alarga más allá de lo previsto, tendrás que renovar el aval para seguir cumpliendo con las condiciones exigidas por la administración. Si no lo haces, es posible que te expongas a penalizaciones o, incluso, a la resolución del contrato.
También existen situaciones que obligan a renovar los avales comerciales o financieros. Por ejemplo, si tienes una línea de crédito respaldada por un aval y esta se prorroga más allá del plazo inicial, algo bastante común, tendrás que extender la vigencia del aval asociado. De lo contrario, el banco podría considerar que la operación no tiene cobertura suficiente.
En el ámbito empresarial, los cambios en los contratos son relativamente frecuentes. Se producen ampliaciones de alcance, variaciones en el volumen económico o modificaciones en los plazos de ejecución y las obligaciones. Cuando hay una variación sustancial en el contrato, es probable que el aval emitido inicialmente no cubra el riesgo real. En estos casos, no se trata de prorrogar la vigencia, sino de comprobar que el importe garantizado y las condiciones del aval siguen siendo adecuadas.
Otra circunstancia que podría conducir a una revisión del aval son los cambios en las condiciones financieras del negocio o la estructura de riesgo de la operación. Los contratos de financiación suelen incluir cláusulas que obligan a la empresa a mantener ciertas ratios financieras. Si tu solvencia empeora e incumples esas ratios, el banco podría pedirte más garantías, por lo que es probable que tengas que renegociar el aval.
Del mismo modo, si se produce una modificación en la naturaleza de la obligación, como cuando pasas de pagos puntuales a un esquema de pagos aplazados más prolongado, es posible que el aval original no cubra correctamente ese nuevo perfil de riesgo, por lo que tendrás que revisar sus condiciones y renovarlo para que se ajuste a la nueva realidad contractual.
En cualquier caso, dado que los avales también representan un coste, es importante que los tengas en cuenta en tu planificación financiera. Si están a punto de caducar o sabes que la situación que cubren podría cambiar, será mejor que no esperes al último minuto para renegociar las condiciones. Así, evitarás interrupciones en la cobertura, podrás planificar mejor tus gastos financieros y proyectarás una imagen más profesional.
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