Un buen equipo de trabajo no se improvisa, se diseña. Y todo empieza por un proceso de contratación alineado con los objetivos de tu negocio. Cada nueva incorporación no solo influye directamente en la productividad, sino también en el ambiente laboral, por lo que es importante que elijas con una visión de 360 grados, más allá de la experiencia o las habilidades técnicas.
La contratación no consiste simplemente en cubrir una vacante, es una decisión estratégica que influye en el funcionamiento de tu empresa. Un proceso de selección mal planteado suele causar problemas internos, aumentar la rotación laboral y generar costes innecesarios. En cambio, elegir a los perfiles adecuados sienta las bases para un crecimiento sostenible a largo plazo. ¿Cómo lograrlo?
Antes de publicar la oferta de trabajo, determina con precisión el perfil que buscas. Debes definir las responsabilidades del puesto, las competencias técnicas imprescindibles, las habilidades blandas necesarias y los valores que encajan con tu cultura empresarial. Cuanto más claro tengas lo que necesitas, más fácil te resultará filtrar los candidatos y más tiempo y recursos ahorrarás.
Aunque tu empresa sea pequeña, contar con un proceso de selección de personal bien estructurado marca la diferencia. Lo ideal es que comiences con una criba inicial de currículos, seguida de entrevistas por competencias que incluyan pruebas prácticas para evaluar cómo los candidatos resuelven problemas reales. Por último, conviene incluir una entrevista con preguntas dirigidas a valorar la afinidad con la cultura empresarial y el nivel de motivación y compromiso del candidato.
No te limites a publicar la oferta de trabajo en los portales de empleo. La red profesional que has ido construyendo puede ser una fuente excelente de candidatos de confianza. Pide referencias a colegas y contactos del sector, utiliza plataformas como LinkedIn o indaga en comunidades especializadas relacionadas con tu negocio. Los informes indican que el 88% de los empleadores cree que las recomendaciones son la vía más eficaz para cubrir un puesto porque aceleran un 55% la contratación, permiten reducir el presupuesto de reclutamiento en torno a un 20% y el 70% de los candidatos encaja mejor en la cultura empresarial.
La claridad es clave para evitar frustraciones y pérdida de tiempo a ambas partes. Por tanto, comunica desde el principio cómo será la jornada laboral, la modalidad de trabajo (presencial, híbrida o remoto), la remuneración, los beneficios y las oportunidades de crecimiento profesional que ofrece tu empresa. Si ajustas las expectativas desde el inicio, es más probable que la persona que contrates esté más comprometida y aporte más valor al equipo.
El proceso de contratación no termina con la firma del contrato, la integración del nuevo empleado es un paso vital. Por tanto, prepara un plan de onboarding con objetivos claros para los primeros 30 o 60 días y asegúrate de que ese nuevo trabajador tenga acceso a toda la información que necesita. Asígnale un mentor o compañero de referencia para que resuelva sus dudas y lo guíe durante las primeras semanas. Una incorporación bien organizada acelera la productividad, mejora la satisfacción del empleado y reduce la probabilidad de errores iniciales.
Por último, no tengas miedo de iterar en el proceso. Contratar empleados es un aprendizaje constante. Analiza qué fases han funcionado mejor, qué preguntas o pruebas aportaron información más útil y cuál ha sido el desempeño de los empleados contratados después de tres o seis meses. Esas observaciones te ayudarán a ajustar tu estrategia de selección para que puedas atraer el talento que necesitas y reducir los errores en futuras contrataciones.
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