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Los gastos que puedes deducir si eres Autónomo
Ser autónomo no es fácil. Además de sacar adelante tu negocio, tienes que lidiar con el papeleo, las facturas y los impuestos. Por suerte, el sistema también ofrece algunas ventajas para aliviar la carga fiscal. Una de las más relevantes es la posibilidad de deducir ciertos gastos relacionados con tu actividad profesional. No obstante, debes saber exactamente cuáles son porque la Agencia Tributaria suele revisarlos con lupa.
Las 3 condiciones que debe cumplir un gasto para ser deducible
Antes de lanzarte a desgravar gastos, es importante que sepas que Hacienda establece tres criterios clave para determinar cuáles puedes deducir:
- Deben estar directamente vinculados a la actividad económica que realizas como autónomo, no a tu vida privada.
- Tienen que estar debidamente justificados mediante las facturas correspondientes. En ciertos casos, podrías desgravar recibos o facturas simplificadas, pero deben figurar tus datos fiscales.
- Deben estar reflejados en tu contabilidad en los libros de gastos e inversiones.
La regla general es muy sencilla: puedes deducir todos los gastos que estén directamente relacionados con el ejercicio de tu actividad económica, siempre y cuando estén justificados con las facturas correspondientes y registrados en tus libros de Contabilidad.
Los principales gastos que puedes deducir como autónomo
Los gastos deducibles para quienes trabajan por cuenta propia están regulados fundamentalmente por la Ley del IRPF y la Ley del IVA. No obstante, el criterio de Hacienda reflejado en diferentes órdenes también delimita cómo se aplican dichas deducciones en la práctica.
1. Consumos y mantenimiento
Puedes desgravar todas las compras de productos, ya se trate de mercancías o materias primas, que necesites para realizar tu trabajo. Eso incluye, por ejemplo, materiales de oficina, insumos para la producción o cualquier producto que utilices para prestar tus servicios.
También puedes deducir los gastos en los que incurras por concepto de mantenimiento y/o reparación, ya sea del local donde trabajas o de los equipos, maquinaria y herramientas que utilizas, a menos que se cataloguen como mejoras.
Es importante que tengas claro que los gastos que incrementen el valor, la capacidad de producción o la vida útil de un activo, como una reforma importante del local o una actualización tecnológica sustancial, no se consideran mantenimiento, por lo que debes contabilizarlos como inversión y se irán amortizando con el tiempo.
2. Gastos de los trabajadores
Si tienes empleados a tu cargo, la ley te permite deducir prácticamente todos los gastos en los que incurras. Eso incluye su nómina, retribuciones adicionales, indemnizaciones y, por supuesto, las cuotas de la Seguridad Social.
También podrás desgravar los gastos destinados a la formación profesional de tus trabajadores, contribuciones a planes de pensiones y cualquier seguro que tengas que contratar por obligación o conveniencia laboral.
Asimismo, los gastos vinculados a la actividad diaria de los empleados son deducibles, como las dietas por desplazamientos. También podrás desgravar las retribuciones en especie y los premios por rendimiento o incentivos.
3. Arrendamientos, cánones y tributos
Si eres autónomo, puedes desgravar el alquiler del local donde trabajas o las cuotas del vehículo en leasing. Además, los cánones de software o licencias profesionales necesarias para tu trabajo también son deducibles.
En cuanto a los tributos, podrás desgravar impuestos directamente relacionados con tu actividad económica, como el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) del local, el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE), tasas municipales por licencias o servicios y otros tributos de naturaleza similar.
4. Servicios de profesionales independientes
Para desarrollar tu actividad, es probable que tengas que recurrir a otros profesionales. Podrás deducir esas facturas, como las de los abogados, asesores fiscales, consultores especializados, diseñadores gráficos, informáticos o traductores que presten servicios necesarios para el funcionamiento de tu negocio.
5. Gastos financieros
La mayoría de los negocios tienen que asumir diferentes tipos de costes financieros, pero puedes desgravar muchos de ellos. Si tienes un crédito como autónomo, podrás deducir los intereses, así como los gastos por servicios bancarios y los recargos por aplazamientos de pago, incluyendo los de la Agencia Tributaria.
También tienes la posibilidad de deducir las comisiones de mantenimiento de cuentas vinculadas a tu actividad, los gastos de transferencias o las comisiones por TPV y pasarelas de pago online. Obviamente, es fundamental que esas operaciones estén vinculadas a tu cuenta bancaria profesional, de modo que no se mezclen con tus movimientos personales.
No obstante, Hacienda aclara que el límite a la deducibilidad de los gastos financieros netos es del 30% del beneficio operativo del ejercicio o 1 millón de euros.
6. Servicios externos
Puedes desgravar los gastos en publicidad, relaciones públicas, suscripción a revistas profesionales, cuotas a asociaciones empresariales y los gastos de eventos y cursos a los que asistas. Además, tienes la posibilidad de deducir las primas de seguro de enfermedad, también las de tu pareja e hijos menores de 25 años que vivan contigo, hasta un máximo de 500 euros por persona.
Las facturas de agua, luz y gas también son deducibles. No obstante, si trabajas desde casa, la Agencia Tributaria solo permite deducir un 30% del porcentaje de la superficie de la vivienda destinada al trabajo. Incluso podrías desgravar una parte del alquiler de tu casa, pero tendrás que pedirle al propietario que te haga dos facturas, una de ellas con retención de IRPF e IVA.
7. Gastos de difícil justificación
Para desempeñar tu actividad, es probable que incurras en pequeños gastos que no siempre puedes justificar con una factura, como reparaciones rápidas, fotocopias, alguna suscripción digital o material de oficina de bajo coste. Para esos casos, Hacienda prevé el concepto de “gastos de difícil justificación”, aplicable a los autónomos en régimen de estimación directa simplificada.
El importe máximo deducible en ese supuesto es de 2.000 euros anuales. No tendrás que detallar cada gasto, pero es importante que hagas previsiones razonables acordes al tipo de trabajo que desarrollas.
En resumen, las deducciones son una herramienta muy útil, pero también son un terreno lleno de matices que conviene gestionar con cuidado. Si tienes dudas sobre los gastos deducibles, lo más prudente es consultarlo con tu asesor fiscal.
¿Cómo registrar la marca de tu empresa?
Una de las primeras decisiones, y también una de las más importantes, que tienen que tomar tanto los autónomos como las pymes cuando ponen en marcha su negocio es elegir la marca de su empresa. Una buena marca será la carta de presentación de tu proyecto ante el mundo: te permitirá diferenciarte de la competencia y construir una imagen sólida de cara a tu público objetivo. Por tanto, es importante que la protejas.
Los 3 pasos necesarios para registrar una marca
La buena noticia es que registrar una marca no es tan complicado como parece. El trámite se realiza a través de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) y, aunque tendrás que cumplir ciertos requisitos y pagar unas tasas, el proceso es bastante sencillo y accesible. Así, te asegurarás de que el nombre de tu negocio, eslogan o logotipo estén protegidos legalmente y nadie más pueda usarlos sin tu consentimiento.
1. Crea tu marca
A diferencia del nombre comercial, que solo sirve para identificar y diferenciar a una empresa, la marca es lo que te permitirá distinguir tus productos o servicios en el mercado. Por tanto, es importante que represente los valores que deseas transmitir, sea fácil de recordar y no te relacione con otras empresas, productos o servicios.
Antes de escogerla, considera que la OEPM establece ciertas prohibiciones absolutas de registro:
- No acepta nombres o símbolos genéricos o demasiado habituales que no diferencian nada.
- Palabras o imágenes que vayan contra la ley, el orden público o las buenas costumbres.
- La marca no puede engañar o confundir al consumidor sobre la naturaleza, calidad o procedencia geográfica del producto o servicio.
- Signos o indicaciones utilizados habitualmente para designar ciertas características de un producto o servicio.
- Formas inherentes al producto o servicio.
- Insignias, escudos, banderas u otros emblemas oficiales o de interés público.
2. Busca los antecedentes registrales
Cuando tengas la marca, antes de solicitar su registro, es conveniente que te asegures de que está libre. Así no empezarás todo el papeleo solo para que te lo denieguen. La OEPM cuenta con un buscador de marcas y nombres comerciales que puedes utilizar por denominación o elementos figurativos. Otra alternativa consiste en solicitar el informe de búsqueda directamente en la OEPM, previo pago de una tasa.
Si el nombre o signo en el que has pensado ya está inscrito, no podrás registrar la marca. Considera que la OEPM tampoco acepta nombres muy similares a los de marcas populares, para evitar confusiones y posibles problemas legales.
3. Registra la marca
Una vez que hayas elegido el nombre o signo y hayas comprobado que está libre, puedes registrar una marca. Si decides presentar el registro en papel, debes acudir al organismo regional encargado de la propiedad intelectual. Si tienes un certificado digital o firma electrónica, puedes realizar el registro de la marca de manera telemática, una vía mucho más rápida en la que también se aplica un 15 por ciento de descuento en las tasas a pagar.
Tendrás que rellenar un formulario para presentar la solicitud de marca, en el que debes especificar tus datos, qué actividad o servicio desarrollas e insertar el nombre y/o el logo que quieres proteger. En ese momento, deberás añadir la documentación necesaria, según la marca a registrar.
Por ejemplo, quizá necesitas la autorización de una persona, si vas a usar su nombre, firma, imagen o seudónimo. O tal vez tu marca contenga elementos protegidos por derechos de autor, si el logotipo lo ha creado un diseñador gráfico, en cuyo caso tendrá que cederte el uso de esos derechos.
¿Cuánto tarda el proceso de registro de una marca?
La OEPM evaluará tu solicitud. La documentación pasa por exámenes de forma y licitud, en los que se comprueba que el expediente contiene toda la información necesaria y que la marca que has elegido no va en contra del orden público o las buenas costumbres. Si existe algún problema, te lo comunicarán para que lo subsanes en el plazo de un mes (dos meses para los domiciliados en el extranjero).
Si tu solicitud supera ese escrutinio, se publicará en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI). Así, cualquier persona que se sienta perjudicada podrá presentar un escrito de oposición a la concesión de la marca solicitada en el plazo de dos meses.
Transcurrido ese periodo, la OEPM vuelve a examinar tu solicitud para verificar que no incumple ninguna de las prohibiciones absolutas. Si alguien presentara una oposición o tu marca no pasa ese examen de fondo, la tramitación se suspende. En ese caso, tendrás un mes para presentar alegaciones o añadir más documentación.
Finalmente, si la marca que has solicitado no incurre en ninguna prohibición y no se han presentado oposiciones, la OEPM te la concederá.
En general, la OEPM plantea un plazo máximo para resolver una solicitud de marca de:
- 12 meses si la solicitud no sufre ningún contratiempo.
- 20 meses si se presentan oposiciones o tiene algún inconveniente por el camino.
No obstante, en la práctica, la mayoría de las solicitudes tardan entre 6 y 12 meses.
Cabe aclarar que, una vez concedida, la marca es válida durante 10 años. Sin embargo, podrás renovarla indefinidamente por períodos sucesivos de diez años.
¿Cuánto cuesta registrar una marca en España?
El precio del registro de una marca varía dependiendo de diferentes factores. El importe general para la solicitud de marca o nombre comercial asciende a 150,45 € (127,88 € si presentas telemáticamente) para la primera clase, que se refiere al producto o servicio principal que proteges.
Si tu marca cubre varios productos/servicios que pertenecen a distintas clases, pagarás 97,48 € (82,84 € por vía telemática) por cada clase adicional que desees proteger.
No obstante, debes tener en cuenta otros costes adicionales. Si haces modificaciones, recursos, solicitudes de revisión, cambios de titularidad, petición de registro internacional, entre otros procedimientos, tendrás que abonar otras tasas.
Por último, es importante que consideres que ese registro tiene un alcance nacional, por lo que también podrías plantearte obtener una protección internacional de tu marca. Si te interesa, puedes hacerlo en la propia OEPM, a través del Sistema de Madrid.
Recuerda que una marca es mucho más que un nombre o un logotipo, es la identidad de tu negocio. Registrarla evitará que un tercero pueda copiar tu idea o darle un uso indebido. Así, tendrás la seguridad de que estás construyendo un activo propio y exclusivo que nadie podrá usar sin tu permiso. A largo plazo, incluso podría convertirse en un bien intangible que te ayude a crecer, licenciar, franquiciar o vender el negocio con garantías.
¿Qué es un pool bancario?
Cinco de cada diez pymes (47,7%) necesitaron financiación en 2024, el equivalente a más de 1,6 millones de negocios, según el “XIV Informe sobre Financiación de la pyme en España”. Cada vez que una empresa solicita un préstamo o crédito, tiene que presentar varios documentos que acrediten su situación financiera, uno de ellos es el pool bancario.
Pool bancario, una radiografía del endeudamiento empresarial
El pool bancario es una especie de “radiografía” de la deuda financiera que tiene la empresa o el autónomo. Este informe refleja todos los préstamos, créditos y avales, así como los límites de cada producto financiero y sus respectivos plazos de vencimiento. Por tanto, es esencial para conocer el nivel de endeudamiento y la solvencia del negocio.
Por ejemplo, una pyme podría tener un pool bancario en el que figure una línea de crédito con su banco principal, un préstamo a largo plazo con otra entidad para financiar la compra de maquinaria o un proceso de internacionalización y un aval técnico para presentarse a licitaciones.
Cabe aclarar que el pool bancario complementa la información que los bancos pueden obtener de la Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE), una base de datos pública que recopila las deudas vigentes o impagadas superiores a 6.000 euros que los clientes han contraído con las entidades de crédito.
¿Para qué sirve el pool bancario?
El pool bancario no es un simple documento que refleja las obligaciones económicas, es una herramienta estratégica que revela la salud del negocio, su capacidad de negociación y su margen de maniobra ante imprevistos. A continuación, resumimos los aspectos principales que hacen del pool bancario un documento clave para las empresas.
1. Centralizar la información financiera.
El pool bancario agrupa todas las operaciones de financiación que la empresa mantiene abiertas con distintas entidades, por lo que permite conocer rápidamente su estado de endeudamiento.
2. Controlar la deuda viva.
Al mostrar el capital pendiente de amortizar en cada instrumento, así como el calendario de pago y la carga financiera futura, favorece la identificación de concentraciones de vencimientos o escaladas de costes que demanden una refinanciación.
3. Facilitar la negociación con los bancos.
El pool bancario aporta datos objetivos que la empresa puede utilizar para negociar mejores condiciones con las entidades financieras, ya sea reducir los tipos de interés o ampliar los plazos de pago. Además, demuestra que el negocio gestiona adecuadamente su pasivo, lo que mejora la credibilidad y disminuye el riesgo.
4. Brindar una imagen más transparente.
Un pool bancario claro y actualizado facilita las auditorías y due diligence, ya que presenta un registro ordenado de pasivos, garantías y cumplimiento de condiciones. En el caso de los inversores, bancos o auditores, eso se traduce en tiempos de revisión más cortos y una mayor confianza en la gestión.
5. Apoyar la toma de decisiones.
Tener una visión global de las deudas empresariales permite entender mejor los pilares financieros en los que se sustenta la actividad. Así será más fácil tomar decisiones estratégicas que fomenten la sostenibilidad del negocio y su crecimiento a lo largo del tiempo.
¿Cómo se elabora un pool bancario y qué información contiene?
Aunque parece complicado, hacer un pool bancario es relativamente sencillo. El primer paso consiste en recopilar todos los datos de los préstamos, créditos, avales u otros tipos de financiación que la empresa tenga. Con esa información, incluye en el informe:
Entidades bancarias. Todos los bancos con los que el negocio ha contraído obligaciones de pago.
Tipo de deuda. Señalar si se trata de préstamos, líneas de crédito, leasing o cualquier otro tipo de deuda a corto o largo plazo.
Saldos pendientes. Indicar el capital que se debe pagar a cada entidad y el total de la deuda.
Tipos de interés. Reflejar las tasas que se aplican a cada producto financiero para calcular los intereses.
Fechas de vencimiento. Apuntar cuándo vence cada deuda y las fechas de los pagos correspondientes.
Garantías y avales. Si la empresa tiene garantías asociadas a las deudas, también debe especificarlas en el pool bancario.
Por último, no olvides verificar esa información con tus registros contables y tus movimientos bancarios para identificar y corregir posibles discrepancias.
Este ejercicio te aportará una visión más clara de la situación de tu negocio, por lo que es conveniente que realices el pool bancario trimestralmente, aunque solo sea para uso interno. Así podrás evitar sorpresas desagradables y gestionar mejor la relación con los bancos.
Si eres autónomo o tienes una pequeña empresa, es probable que te encargues de la facturación. Para tener tus cuentas bajo control y evitar errores a la hora de emitir una factura, uno de los conceptos que debes dominar a la perfección es la base imponible.
¿Qué es la base imponible?
La base imponible es el punto de partida para realizar el resto de los cálculos fiscales. “Estará constituida por el importe total de la contraprestación de las operaciones sujetas al mismo, procedente del destinatario o de terceras personas”, según la Ley del Impuesto sobre el Valor Añadido.
Por tanto, se refiere al importe bruto o valor neto de los bienes o servicios antes de aplicar cualquier impuesto. Si trabajas como profesional autónomo, por ejemplo, en tu factura tendrás que incluir el IVA y la retención del IRPF. La base imponible es el total sin impuestos ni descuentos que no afecten directamente al precio.
Es importante no confundir este concepto con la base liquidable, que se suele utilizar más en el ámbito tributario general (IRPF e Impuesto de Sociedades) que en las facturas. De hecho, la base liquidable es el resultado tras aplicar las deducciones y bonificaciones a la base imponible.
¿Cómo se calcula la base imponible?
Ante todo, debes saber qué tipos de tasas se aplican a la factura.
Calcular la base imponible de una factura con IVA
Las facturas pueden estar sujetas a diferentes tipos de IVA, que oscilan desde el 4% hasta el 21%, aunque algunas también pueden estar exentas parcial o totalmente. En ese caso, tendrás que aplicar esta fórmula:
Base Imponible = Total de la factura / (1 + IVA/100)
Por ejemplo, si el total de la factura son 500 € y se ha aplicado un 21% de IVA, tendrás:
Base imponible = 500 € / (1 + 21/100)
Resultado: 413,22 €.
Calcular la base imponible de una factura con IVA e IRPF
Los profesionales independientes suelen aplicar una retención del 15% o del 7 % durante sus dos primeros años de actividad, por lo que es probable que tengas que utilizar esta fórmula en la mayoría de tus facturas:
Base Imponible = Total factura / (1 + IVA/100 - IRPF/100)
Continuando con el ejemplo anterior, si el total de la factura son 500 €, aplicas un 21% de IVA y un 15% de retención de IRPF:
Base imponible = 500 € / (1 + 21/100 - 15/100)
Resultado: 471,70 €.
¿Por qué es importante conocer la base imponible?
Puede parecer un simple tecnicismo, pero saber qué es la base imponible y cómo se calcula te permitirá mantener las cuentas claras.
1. Evitar errores en la facturación
Cuando emites una factura, la base imponible es la cifra de referencia sobre la que se calculan los impuestos. Un error puede generar una cascada de problemas, desde un IVA mal repercutido hasta un descuadre en tus declaraciones trimestrales. Y en una inspección, esos fallos se pagan con sanciones.
2. Comprender el contenido de las facturas
Cuando recibes una factura, es importante que sepas exactamente qué parte corresponde al valor real del producto o servicio y cuál al impuesto. Distinguir la base imponible del IVA o la retención IRPF te permitirá saber lo que estás pagando. Además, podrás comparar diferentes proveedores en base al coste real del producto o servicio.
3. Planificar mejor tus finanzas
La diferencia entre base imponible e impuestos no es baladí, sobre todo para los autónomos y las pymes. El IVA que cobras a tus clientes no te pertenece, sino que actúas como un intermediario entre ellos y la Agencia Tributaria. Separar ambas partidas te evitará sorpresas desagradables al final del trimestre y te ayudará a planificar mejor tu tesorería.
Por tanto, recuerda que la base imponible marca el límite entre el precio real de un producto o servicio y los impuestos a los que están sujetos. Tenerlo claro te permitirá comprender mejor las facturas que pagas, emitirlas correctamente y evitarte problemas con Hacienda.
Diez consejos para abrir un negocio online
Los emprendedores y las pequeñas empresas pueden encontrar en Internet su mejor aliado. Abrir un negocio online es relativamente fácil, no requiere una gran inversión y permite llegar a un mayor número de clientes potenciales. Además, la población española está cada vez más acostumbrada a comprar online.
El último informe de Ontsi reveló que el 87% de los internautas realiza compras en la red, lo que ha supuesto un gran hito, ya que, por primera vez, España alcanza los 30 millones de consumidores online. Sin embargo, en Internet existe una gran competencia, por lo que si quieres tener éxito, tendrás que planificar muy bien tu estrategia.
¿Cómo montar un negocio online?
Emprender un proyecto digital va más allá de tener un sitio web operativo, implica diseñar un sistema funcional, escalable y con capacidad de respuesta en un entorno que cambia continuamente. Por tanto, requiere planificación estratégica y un conocimiento profundo del mundo online.
1. Analiza tu público y producto
Antes de abrir un negocio online es fundamental que estudies los hábitos de compra de tu público potencial y su nivel de familiarización con las compras por Internet. Considera que ya existen algunos sectores consolidados, pero otros todavía están en ciernes. El citado informe indica que la ropa, zapatos y accesorios de vestir son la categoría más consumida online (78,9%) mientras que los juguetes o productos de cuidado infantil, así como las suscripciones a aplicaciones relacionadas con la salud y los cursos de formación tienen un nivel de penetración menor.
2. Define tu propuesta de valor con claridad
En Internet no tendrás mucho tiempo para convencer a los usuarios de que visiten tu sitio web, por lo que debes dejar claro rápidamente qué ofreces, para quién son tus productos o servicios y por qué deberían elegirte. Eso significa que necesitas una propuesta de valor sólida, que destaque frente a la competencia y que puedas comunicar de manera breve y convincente.
3. Elige la plataforma adecuada
Existen muchas plataformas para poner en marcha una tienda virtual, elige la que mejor se ajuste al formato de los productos que ofreces. Considera que la navegación debe ser muy intuitiva, pues mientras más clics tenga que hacer el usuario, más probable es que abandone la compra. El diseño también debe ser sencillo, pero no olvides personalizarlo para diferenciarte de la competencia haciendo un pequeño trabajo de branding.
4. Optimiza para móviles
El smartphone es el instrumento más utilizado para buscar información y comprar online, por lo que, si tu tienda o web no se adapta bien a la pantalla de los dispositivos móviles, generará una mala experiencia de usuario que te hará perder oportunidades de venta. Asegúrate de que la web cargue rápido y de que el proceso de compra no demande pasos innecesarios. Y recuerda que el diseño responsive ya no es una opción, es una necesidad.
5. Transmite confianza y seguridad
¿Sabías que el 30,4 % de los españoles tiene en cuenta el sello de calidad o código ético de confianza antes de comprar por Internet? Para abrir un negocio online, debes contar con los certificados de seguridad necesarios, ofrecer un sistema de pago seguro y abrir un canal de comunicación rápido y eficaz para resolver todas las dudas y reclamaciones, ya que en Internet la transparencia y la confianza son un activo fundamental para tener éxito.
6. Crea un sistema de gestión de clientes
Es conveniente que crees un boletín electrónico o newsletter al que se puedan suscribir las personas que llegan a tu negocio online. Necesitarás un sistema de gestión, como Mailchimp, MDirector o Mailjet, a través del cual podrás enviar directamente a su correo electrónico las nuevas ofertas, avisarles de concursos y descuentos o, simplemente, enviarles información interesante y útil relacionada con los productos y servicios que ofreces.
7. Invierte en promoción
Cada día se crean miles de sitios web, lo cual significa que no basta con abrir un negocio online, debes promocionarlo para atraer visitantes. Existen diferentes formas de llegar a tus clientes potenciales, desde los anuncios en Google Ads para aparecer en los resultados de búsqueda de Google, hasta las publicaciones patrocinadas en Facebook o LinkedIn, que ofrecen opciones de segmentación avanzadas para llegar a usuarios con intereses, comportamientos o características específicos. También podrías lanzar campañas con influencers, realizar colaboraciones estratégicas o apostar por el marketing de contenidos.
8. Refuerza tu presencia en redes sociales
Las redes sociales están ganando cada vez más protagonismo en las adquisiciones online. El 28% de los españoles las usan para informarse sobre productos y servicios, guiándose por los comentarios y reseñas de otros usuarios. Incluso están convirtiéndose en un canal de compra en sí mismas. No necesitas estar en todas las plataformas, solo en las que use tu público objetivo. Es mejor tener un par de redes bien trabajadas que estar en cinco con perfiles abandonados. Mantén un estilo coherente con tu marca, responde a los mensajes y publica con regularidad.
9. Piensa en escalabilidad desde el inicio
Un negocio online puede crecer muy rápido si se estructura bien. Diséñalo pensando en cómo podrías llegar a más personas sin duplicar el tiempo o el esfuerzo invertido. Automatiza tareas repetitivas desde el principio, como las campañas de email marketing, las reservas o el proceso de facturación, y elige soluciones de software confiables que puedan crecer contigo. Piensa de antemano en cómo gestionarás los picos de tráfico o los altos volúmenes de pedidos sin que ello afecte la experiencia del cliente. Cuanto antes prepares tu estructura para crecer, menos cuellos de botella tendrás después.
10. Humaniza tu marca
En el entorno digital, la comunicación suele ser más impersonal, por lo que la autenticidad puede marcar la diferencia. De hecho, aunque tu negocio esté en Internet, sigues vendiendo a personas, muchas de las cuales no solo buscan productos o servicios, sino que también quieren saber a quién apoyan con su compra. Por tanto, no dudes en mostrar el lado más humano de tu proyecto. Incluir una sección “Sobre nosotros” bien trabajada, con fotografías reales y la historia de la marca, es una excelente idea para generar confianza y desarrollar una voz propia que facilite la conexión emocional.
En definitiva, en un entorno digital tan cambiante y competitivo, no basta con abrir un negocio online, también debes pensar en su viabilidad a largo plazo. Tendrás que aprender a gestionar inteligentemente tu tiempo, automatizar procesos repetitivos e identificar los canales de comunicación más eficientes. Ya ofrezcas un producto, un servicio o una suscripción de contenido, tu capacidad para optimizar los recursos disponibles y ofrecer una experiencia positiva y coherente a los clientes determinará tu éxito en el mercado.
Si tienes un negocio físico al que acuden clientes, ya sea una tienda, un restaurante, un gimnasio o cualquier otro tipo de actividad, Google My Business podría convertirse en tu mejor aliado. Aproximadamente, el 74% de los compradores buscan en Internet antes de acudir a una tienda física y el 51% usan Google para investigar productos o servicios antes de decidirse, según Think with Google. Por tanto, es fundamental que tu empresa tenga una ficha en Google.
¿Qué es Google My Business exactamente?
El Perfil de Empresa en Google, antes conocido como Google My Business, es una herramienta de marketing que permite a los propietarios gestionar cómo aparece su negocio en las búsquedas de Google y Google Maps.
Al crear una ficha, puedes compartir fotos y otros detalles relevantes de tu negocio, además de responder a las preguntas de los usuarios y recibir reseñas de los clientes. Eso aumentará tu visibilidad en las búsquedas online, sobre todo a nivel local.
¿Qué beneficios te aporta Google My Business?
Tener un perfil en Google My Business puede marcar la diferencia en tus ventas, sobre todo si logras aparecer en los primeros resultados.
1. Mejora tu posicionamiento local
Con una ficha en Google My Business es más fácil ganar visibilidad en Internet, ya que la competencia se reduce a las empresas que ofrecen productos o servicios similares a los tuyos y que se encuentran en la misma zona geográfica. Eso aumentará las probabilidades de que los clientes potenciales encuentren tu negocio.
2. Brinda una imagen profesional y fiable
Google My Business te permite transmitir una imagen más profesional, un detalle importante si consideras que, probablemente, muchos futuros clientes te descubrirán a través de ese perfil. Tú decides qué información compartir: catálogo de productos o servicios, ubicación del local, horarios habituales o incluso fotos del establecimiento. Eso te ayudará a generar confianza y credibilidad.
3. Atrae más clientes
Tener presencia online te ayudará a llegar a un público más amplio que quizá no te hubiera conocido de otra manera. Además, Google My Business actúa como un canal de comunicación. Las personas interesadas en tus productos o servicios pueden contactarte o hacerte preguntas, por lo que es una oportunidad para captar clientes.
¿Cómo crear tu ficha de empresa en Google My Business?
Puedes crear tu perfil de empresa de manera gratuita, pero necesitarás tener una cuenta de Google. Lo ideal es que sea una cuenta profesional que destines solo al trabajo. Con esa cuenta podrás acceder al Perfil de Empresa en Google.
1. Añade la información de tu negocio
Tendrás que indicar el nombre de tu empresa y su categoría, añadir la ubicación del local y especificar si realizas entregas o prestas servicios a domicilio. En ese caso, incluso puedes agregar zonas de servicio. También tienes la posibilidad de insertar la información de contacto, tanto una página web como un número de teléfono.
2. Verifica tu empresa
Si tienes un establecimiento, es muy importante que verifiques su dirección postal. Así, aumentarás las probabilidades de aparecer en las búsquedas de Google Maps. No obstante, aunque no tengas un local físico, igualmente debes introducir una dirección postal para que Google compruebe tus datos. Luego, puedes elegir la opción de recibir un código de verificación por correo electrónico. Este te servirá para responder públicamente a las opiniones de los clientes y usar la mensajería, entre otras funciones.
3. Optimiza tu perfil
Cuanto más completa sea la ficha de tu empresa, mejor. Añade una descripción ampliada, el horario comercial y fotos del local o de los productos más demandados. Algunos tipos de empresas tienen acceso a funciones especiales que permiten personalizar aún más su perfil, dependiendo de los servicios que ofrezcan, ya sea mostrando una clasificación por estrellas o permitiendo aceptar reservas y pedidos en línea.
Por último, recuerda responder a las preguntas y reseñas de los clientes, tanto a las positivas como a las negativas. Así demostrarás que realmente te preocupa su satisfacción. Y no olvides mantener actualizada la información de tu empresa, sobre todo si cambias tu horario de atención al público o tus datos de contacto. Cuidar estos detalles no consume mucho tiempo y podría mejorar notablemente tu facturado, permitiéndote destacar frente a la competencia.
Foto de Pixabay.
Antes de montar una empresa o comenzar a trabajar como autónomo, debes conocer los trámites necesarios para poner en marcha una actividad y las obligaciones fiscales que estás a punto de contraer. El Impuesto sobre Actividades Empresariales (IAE) forma parte de ese entramado tributario y, aunque no se paga en todos los casos, es fundamental que sepas de qué se trata y conozcas la forma y los plazos para abonarlo.
¿Qué es el Impuesto sobre Actividades Económicas?
La Agencia Tributaria explica que “el IAE es un impuesto que grava el desarrollo, en territorio español, de actividades económicas. Dichas actividades pueden ser empresariales, profesionales o artísticas y las mismas se pueden ejercer en local determinado o sin local”.
Por tanto, se trata de un tributo que se aplica a todas las actividades económicas que ejerzan las personas físicas y jurídicas en España. Estas se agrupan en diferentes epígrafes del IAE, los cuales ayudan a la Agencia Tributaria a saber qué impuestos se aplican en cada caso.
De hecho, tienes la obligación de declarar todas las actividades económicas que desarrolles, aunque sean ocasionales. La única excepción son las actividades agrícolas, pesqueras, forestales y ganaderas dependientes. Si realizas diferentes actividades, y unas tributan por IAE y otras no, igualmente tendrás que presentar la declaración de todas.
No obstante, eso no significa que tengas que pagar el impuesto sobre Actividades Económicas (IAE).
Hacienda contempla varias exenciones:
Empresas cuyo volumen de facturación no supere 1 millón de euros. La cifra de negocios que se tiene en cuenta es la del último Impuesto sobre Sociedades presentado antes del devengo de la tasa el 1 de enero.
Empresas de reciente creación. Durante los dos primeros años de actividad, las empresas nuevas no tienen que pagar el Impuesto sobre Actividades Económicas. La condición es que no hayan desarrollado antes esa misma actividad bajo otra titularidad.
Personas físicas. Los autónomos quedan exentos, aunque eso no los exime de darse de alta en el epígrafe del IAE que corresponda a la actividad que desempeñen.
Entidades sin ánimo de lucro. Las asociaciones y fundaciones, que cumplan los requisitos legales para ser catalogadas como tal, tampoco tienen que pagar dicho impuesto.
¿Cuándo se paga el Impuesto de Actividades Económicas?
El Impuesto de Actividades Económicas (IAE) se paga de manera periódica. Su periodo impositivo coincide con el año natural, salvo las excepciones que recoge la Agencia Tributaria:
- Espectáculos
- Declaraciones de alta cuando no coincide con el 1 de enero
- Cese de la actividad antes de finalizar el año
Los plazos de pago dependerán del tipo de cuota que debas abonar y del momento en que te des de alta, aunque generalmente se devenga el 1 de enero.
Durante tu primer año, no recibirás un recibo automático, la administración correspondiente te enviará una notificación indicando la cantidad que debes pagar y cómo hacerlo. Si la cuota es municipal, el Ayuntamiento revisará tu alta y te enviará la liquidación. Si la cuota es provincial o nacional, se encargará la Agencia Tributaria.
A partir del segundo año y los siguientes, las cuotas se pagan mediante recibo.
¿Dónde se presentan las declaraciones?
Dependiendo de tu caso, tendrás que presentar la declaración en diferentes entidades:
Si la cuota es nacional o provincial, se presenta en la Delegación o en la Administración de la AEAT del sitio donde se encuentre el domicilio fiscal de tu empresa.
Si la cuota es municipal y no ha sido delegada, debes presentarla en la Delegación o en la Administración de la AEAT del municipio donde desempeñes tu actividad. Si ha sido delegada, tendrás que informarte de la institución a la que el Ayuntamiento ha cedido su gestión.
Por último, cabe aclarar que no presentar el modelo 840 para comunicar el alta o la baja en el IAE dentro del plazo establecido, generalmente en diciembre del año previo al ejercicio de devengo, puede implicar una multa. También se sancionan las declaraciones incompletas o con errores, así como no pagar el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) a tiempo. Por eso, conviene informarse bien y, si es necesario, buscar asesoramiento profesional para evitar sobresaltos fiscales.
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¿Cómo anular una factura emitida?
Si llevas la facturación de tu negocio, es probable que en algún momento te despistes y cometas un error en los datos del cliente, olvides aplicar un descuento o, simplemente, calcules mal el importe. En esos casos, no queda otra opción que anular la factura. ¿Cómo hacerlo sin incumplir la legislación fiscal?
¿Cuándo puedes “anular” una factura?
Anular una factura no es tan sencillo como descartarla y crear una nueva. Aunque todavía las emitas en PDF o tengas un programa de facturación que te permita eliminarla, es importante que sepas que, si has emitido una factura con datos erróneos o has omitido información, lo correcto es realizar una nota de crédito o una factura rectificativa.
El reglamento que regula las obligaciones de facturación no prevé la anulación de las facturas, sino la expedición de otra que subsane el equívoco. Eso implica que puedes corregir o modificar la factura original, pero no suprimirla como si nunca hubiera existido.
Los principales casos en los que se prevé la posibilidad de “anular” una factura son:
- Por error. O sea, si te has equivocado al introducir la información, ya sea en los datos del cliente, la descripción del producto o has realizado algún cálculo erróneo.
- Por devolución de productos o cancelación del servicio. Si el cliente devuelve todo o parte del producto, o cancela un servicio facturado, puedes emitir una factura rectificativa con importe negativo o realizar una factura de abono, también conocida como nota de crédito.
- Por operación no realizada. Cuando la operación facturada finalmente no se lleva a cabo, como cuando se cancela un pedido antes del envío, también puedes anular la factura emitiendo una rectificativa.
- Por impago. Si no has podido ingresar lo facturado, tienes la posibilidad de emitir una factura rectificativa para recuperar el IVA repercutido y no cobrado.
Contabilizar la factura anulada
Cabe aclarar que cualquier factura anulada debe quedar reflejada en tus libros de contabilidad. La Agencia Tributaria exige su registro, ya sea una factura rectificativa o negativa, con independencia de si afecta o no al IVA.
Por tanto, la factura original se mantiene en la contabilidad, con su asiento correspondiente. Y la factura rectificativa se contabiliza como un asiento inverso o compensatorio dirigido a corregir los importes registrados previamente.
Esas modificaciones suelen reflejarse en las cuentas afectadas: ya sean ingresos o gastos, impuestos (como el IVA) o cuentas por cobrar o por pagar, según el tipo de error o la causa de la anulación.
¿Es posible “anular” una factura electrónica?
A partir del próximo año, todas las empresas y autónomos tendrán que adaptarse al Reglamento Veri*factu. Este establece un nuevo sistema de facturación electrónica que obliga a emitir y registrar cada factura siguiendo un formato digital específico.
Esta legislación está diseñada para combatir el fraude fiscal y mejorar el control, por lo que cada factura dejará una huella electrónica o hash en el sistema, que no se puede modificar. Eso significa que no puedes simplemente eliminar la factura, aunque tienes la posibilidad de crear una rectificativa.
Por ley, el software de facturación debe incluir los registros de facturación de anulación. Es decir, tendrá un campo de “tipo factura” que incorpora los diferentes tipos de facturas rectificativas, siempre usando los datos de la que necesitas eliminar.
Si utilizas FACe, la plataforma online para presentar las facturas electrónicas a la administración pública, tendrás que solicitar la anulación de la factura, especificando el motivo, y esperar la respuesta. Si es favorable, la factura pasará, automáticamente, al listado de facturas con solicitud de anulación.
En definitiva, anular una factura no significa hacerla desaparecer, sino corregirla conforme a la normativa vigente. Llevar un control riguroso de esas rectificaciones no solo es una exigencia fiscal, sino también una buena práctica contable que garantiza la transparencia y la coherencia de los registros de tu negocio, además de evitarte quebraderos de cabeza con Hacienda.
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A la hora de emprender un negocio, hay que tener en cuenta muchísimos factores, desde la financiación y la fuerza de la competencia hasta los márgenes y la promoción de los productos o servicios. Un detalle que a menudo se pasa por alto, pero que es trascendental en un mercado donde los productos compiten por atraer la atención de los consumidores en estanterías abarrotadas y tiendas en línea, es el packaging.
- La presentación influye enormemente en la percepción de los clientes, por lo que puede impulsar las ventas o, al contrario, mermarlas. El packaging contribuye de manera decisiva al éxito de un producto, pues, aunque cuente con una buena campaña de publicidad, el consumidor suele tomar la decisión de compra cuando se encuentra delante del producto. Y en ese momento, lo que ve es el diseño del embalaje.
¿Qué es el packaging?
El packaging o empaquetado engloba todas las actividades dirigidas a preparar los productos para distribuirlos, almacenarlos, venderlos y usarlos con seguridad. Sin embargo, va más allá de lo funcional, ya que también incluye un elevado componente de marketing.
Además de proteger los productos y brindar información relevante sobre los mismos, otro de sus objetivos es captar la atención de los consumidores, generando un impacto visual con diseños atractivos que los animen a comprar y refuercen la identidad de marca.
Las ventajas de un buen packaging
El diseño de las latas de sopa Campbell es tan emblemático que inspiró la icónica obra del arte pop de Andy Warhol. La mayoría de las personas también reconoce de un vistazo una caja de cigarrillos Marlboro, el frasco del perfume Chanel No. 5 o la cajita Happy Meal de McDonald’s. Esos ejemplos muestran que un buen packaging puede convertirse en un activo estratégico para la marca.
Genera demanda. Un empaquetado bien pensado consigue llamar la atención del consumidor y despertar su interés. Un estudio publicado en la revista Psychology & Marketing reveló que un diseño atractivo provoca una actividad cerebral intensa en las zonas relacionadas con la recompensa, lo cual estimula el deseo de comprar.
Diferencia las marcas. En el mercado existen miles de productos que compiten por la atención de los consumidores. El packaging ayuda a la marca a distinguirse de la competencia y posicionarse en el top of mind. Al ser reconocible, el cliente también puede identificar el producto rápidamente, lo que facilita el acto de compra.
Comunica los valores empresariales. Un diseño bien pensado crea una narrativa visual que transmite los valores esenciales de la marca o del producto, como calidad, tradición, sostenibilidad o responsabilidad social. Es una vía de comunicación rápida que ayuda a los consumidores a elegir, mientras fomenta una conexión más profunda con los principios que defiende la empresa.
Incrementa el valor percibido del producto. El packaging no solo es una herramienta de marketing, sino que también puede facilitar el uso del producto. El tubo distintivo de Pringles, por ejemplo, protege mejor las patatas que las bolsas tradicionales, además de facilitar su consumo y almacenamiento. Ese valor añadido es un elemento diferenciador que puede inclinar la balanza a su favor en el momento de la compra o, incluso, hacer que los consumidores estén dispuestos a pagar un precio mayor.
A la larga, un diseño inteligente del embalaje o empaquetado logrará que la marca sea más memorable y contribuirá a fidelizar a los clientes e incrementar las ventas.
Diez ideas para crear un packaging inolvidable
Para diseñar el envase o envoltura, primero debes tener en cuenta las características físicas del producto, desde su composición y tamaño hasta su forma, peso y fragilidad. El segundo factor clave es tu buyer persona, necesitas conocer sus preferencias y los motivos que guían la compra. Con esos datos en mente, puedes aplicar diferentes estrategias de marketing:
- Diseña un packaging con facing. Lo que no se ve, no se vende. Asegúrate de que el paquete pueda colocarse de pie en los estantes, de manera que los consumidores vean la cara principal. De poco te servirá diseñar un envase original, si no se mantiene en pie, como ocurre con muchos envoltorios de plástico.
- Elige los colores adecuados. Un estudio realizado en la South East European University reveló que el 79 % de los consumidores reconoce que el color del packaging influye en sus decisiones de compra. Para elegir los colores correctos, considera las sensaciones que quieres transmitir y las asociaciones entre ciertos colores y productos. El negro, plateado y dorado, por ejemplo, se relacionan con productos gourmet o exclusivos, mientras que el verde y el marrón, con productos ecológicos.
- Usa las imágenes para transmitir mensajes. Una imagen vale más que mil palabras. No es casual que, en ese mismo estudio, el 84 % de los consumidores señalara que el diseño del producto influía en la decisión de compra. Por tanto, recurre a imágenes originales que te permitan diferenciarte y transmitan un mensaje claro, en sintonía con tu marca.
- Narra una historia. Cada producto suele tener una historia detrás, por lo que puedes intentar contarla a través del envoltorio. Ya sea el proceso de creación, la inspiración para su creación o el impacto que quiere generar, el storytelling agrega profundidad y significado, contribuyendo a la diferenciación.
- Escoge inteligentemente las palabras. El consumidor medio dedica pocos segundos a mirar el packaging, por lo que debes elegir bien las palabras que usas. Lo ideal es que sean frases cortas, claras y con impacto emocional, o con un objetivo funcional. Usa palabras que conecten con el estilo de vida del cliente o destaquen un beneficio diferencial.
- Sé transparente. En una era caracterizada por una mayor conciencia del consumidor, la transparencia es fundamental. Indica en el envase detalles como los ingredientes, el origen del producto o el proceso de fabricación. Incluye certificados oficiales, porcentajes específicos, en vez de enunciados vagos y afirmaciones verificables. Eso fomentará la confianza y la lealtad hacia la marca.
- Aporta valor con el envase. Una estrategia de diferenciación consiste en lograr que el envase aporte un valor añadido al producto. Un sistema de cierre, dosificación o que permita cortar fácilmente el producto pueden ser la clave para captar clientes y fidelizarlos. Otra estrategia para añadir valor consiste en dar un doble uso al envase para que los consumidores puedan reutilizarlo.
- Implica al consumidor. Cuando la persona interactúa con el producto, aumentan las probabilidades de que lo compre. Una manera original de fomentar esa implicación consiste en incluir códigos QR en el envase para brindar información adicional o promocionar ofertas y descuentos.
- Apuesta por la sostenibilidad. ¿Sabías que el 54% de los consumidores está dispuesto a pagar más por productos sostenibles, lo que representa casi el doble que hace dos años? Si quieres dar el salto a los productos ecológicos, el envase es un buen comienzo. Utiliza materiales reciclables, biodegradables o reutilizables y comunícalo de forma clara. Añadir certificaciones oficiales también puede marcar la diferencia en la decisión de compra y evitar que asocien tu marca con el greenwashing.
- Genera una experiencia sensorial. El packaging no solo entra por los ojos. La textura del material, el sonido al abrirlo o incluso el aroma pueden influir en la percepción de calidad. Un cartón rugoso, por ejemplo, puede transmitir la sensación de artesanal, mientras que un acabado brillante y pulido sugiere sofisticación. Si logras estimular más de un sentido, potencias el recuerdo de marca y generas una mayor conexión emocional con el producto.
¿Cómo medir el éxito de tu packaging?
Un buen packaging no solo es atractivo visualmente, sino que también debe cumplir objetivos claros, como captar la atención del consumidor, comunicar los valores de la marca y, sobre todo, impulsar las ventas. Por ese motivo, es fundamental que midas el éxito de la presentación de tu producto para que sepas si está funcionando según lo previsto.
- Análisis de las ventas. Una de las formas más directas de evaluar el impacto del packaging consiste en observar cómo han evolucionado las ventas desde su implementación. Si el diseño ha mejorado la percepción del producto o ha llamado más la atención, tus ganancias deberían aumentar.
- Estudios de mercado y encuestas. Recopilar la opinión de tu público objetivo también te ayudará a saber si el packaging que has elegido es el más adecuado. Puedes preguntar a tus clientes qué opinan sobre el diseño, la funcionalidad y el mensaje que transmite el envoltorio o envase, realizando encuestas rápidas en los puntos de venta o a través de las redes sociales.
- Métricas en redes sociales. Un buen packaging destaca por ser instagrameable. Es decir, los clientes lo comparten en sus perfiles o incluso disfrutan haciendo unboxing. Por tanto, monitoriza hashtags, menciones y publicaciones relacionadas con tu producto para saber qué nivel de engagement genera su diseño.
- Impacto en la fidelidad. ¿El nuevo diseño está animando a tus clientes a volver a comprar? Si notas un incremento en la retención de clientes tras un cambio en el packaging, es probable que esté cumpliendo bien su función.
- Coste-beneficio. También es vital que analices si la inversión en el diseño y la producción del packaging se justifica, en función del retorno económico que genera. Un envase o embalaje exitoso no solo debe ser atractivo, sino también rentable.
El packaging en e-commerce: retos y soluciones
El auge de las ventas online está cambiando las reglas del juego. En España, el comercio electrónico superó los 23.000 millones de euros en el segundo trimestre del 2024, según los últimos datos de la CNMC. Eso significa que cada vez hay más personas que recurren a las tiendas online, donde no existe la posibilidad de tocar el producto antes de comprarlo. En esos casos, es necesario adaptar el packaging a la logística, la fotografía del producto y el unboxing.
1. Logística, proteger sin encarecer
Uno de los principales retos que plantea el e-commerce es diseñar un packaging que resista los envíos sin aumentar demasiado los costes. A diferencia de las ventas físicas, en una tienda online el producto debe sobrevivir a múltiples manipulaciones: almacenes automatizados, centros logísticos, transportistas y, en muchos casos, incluso devoluciones. Todo ello sin supervisión directa del vendedor.
Las caídas, los golpes y las condiciones de transporte pueden dañar el producto, si no tomas las precauciones adecuadas, lo cual generará una mala experiencia en el cliente y una pérdida de confianza en la marca. Sin embargo, proteger bien no significa añadir capas innecesarias que aumenten el peso del paquete, encarezcan el envío y perjudiquen la sostenibilidad del negocio.
La solución radica en encontrar un equilibrio entre resistencia y eficiencia. Eso implica elegir materiales ligeros pero robustos, como el cartón de canal doble, diseñar estructuras interiores que amortigüen el producto sin ocupar espacio extra y evitar embalajes genéricos que no protegen adecuadamente el producto. Ese tipo de detalles te ahorrarán costes a largo plazo y mejorarán la percepción de calidad de tu marca.
2. Estética, que el paquete hable por ti
El packaging no solo debe funcionar en la vida real, sino también en la pantalla. O sea, debe ser fotogénico. Muchos consumidores comparten sus compras en las redes sociales, por lo que el diseño debe destacar en las imágenes y transmitir inequívocamente los valores de tu marca.
Eso implica elegir una paleta de colores coherente, usar tipografías legibles y lograr una composición visual equilibrada. Incluso detalles “menores” como la forma del precinto, el diseño de la etiqueta o la textura del papel de relleno, pueden marcar la diferencia.
3. Unboxing, transformar la apertura en una experiencia
El unboxing se ha convertido en una herramienta poderosa de marketing emocional y viralización. Las marcas que consiguen que el momento de abrir el paquete genere emociones positivas, aumentan las probabilidades de que los compradores compartan esa experiencia, lo que se traduce en más clientes y probabilidades de recompra.
Incluir mensajes personalizados, detalles visuales atractivos, aromas sutiles o pequeñas sorpresas puede convertir una simple entrega en una experiencia que el cliente quiera publicar en sus redes sociales, convirtiéndose en embajadores de tu marca.
En resumen, si el packaging no está en tu lista de prioridades, es hora de replanteártelo porque es la carta de presentación de tu producto. Invertir tiempo y esfuerzo en su diseño no es un lujo, sino una necesidad en los tiempos que corren.
Asegúrate de que tu propuesta no solo envuelva y proteja el producto, sino que también cuente una historia, conecte con los valores de tu público y atraiga a tus clientes potenciales.
En un entorno de incertidumbre económica y un mercado sumamente cambiante, la comunicación interna es esencial para el éxito empresarial. No solo determina el buen funcionamiento de los equipos de trabajo, aumenta la motivación y mejora el clima laboral, sino que, además, garantiza que todos los esfuerzos se encaminen en la misma dirección para aumentar la productividad y lograr los objetivos de negocio.
Si la comunicación interna falla, es probable que se produzcan duplicidades en las tareas y solapamientos entre las funciones. Eso ralentiza la operativa cotidiana, malgasta recursos y acaba lastrando el rendimiento. En vez de crecer, la empresa pierde el rumbo, ya que los esfuerzos de los diferentes equipos y departamentos no están bien sincronizados.
7 estrategias prácticas para mejorar la comunicación interna de la empresa
Los directivos dedican de tres a diez horas a la semana a preparar las comunicaciones esenciales para los empleados. Sin embargo, cuando esa información no se utiliza o es ineficaz, supone la pérdida de 2 mil millones de dólares anuales para las organizaciones estadounidenses, según Harvard Business Review. Por ese motivo, es fundamental que optimices la comunicación interna en tu empresa.
1. Elige inteligentemente los canales de comunicación
En una organización, hay muchas formas de compartir información, por lo que es importante escoger los canales más eficaces según el tipo de mensaje. Casi el 70% de los empleados prefiere el correo electrónico, pero también puedes activar un chat interno, usar plataformas de trabajo colaborativo o, incluso, crear un portal del empleado para mejorar la eficiencia del departamento de recursos humanos.
Independientemente del canal de comunicación que elijas, reduce el número de reuniones o videoconferencias a las estrictamente necesarias y asegúrate de que sólo participen las personas imprescindibles. Así reducirás el tiempo improductivo y reforzarás la eficiencia operativa, ya que cada trabajador estará donde más impacto puede generar. La norma es sencilla: menos es más.
2. Organiza bien la información y asegúrate de que sea accesible
Las organizaciones generan una gran cantidad de datos cruciales durante su operativa y el proceso de toma de decisiones. Compartirlos puede suponer un reto, sobre todo entre los diferentes departamentos. Para agilizar la comunicación interna en la empresa, puedes utilizar una intranet que centralice todos esos datos o recurrir a sistemas de planificación de recursos empresariales (ERP) en la nube.
Así, los jefes de departamento podrán comunicarse instantáneamente entre sí o con sus subalternos, compartiendo documentos y enviando actualizaciones. Además, la mayoría de esas soluciones permiten archivar la información usando etiquetas más intuitivas y evitan las duplicidades, lo que agilizará el día a día de tu negocio.
3. Crea un manual corporativo y de onboarding
Si quieres que tus nuevos colaboradores o empleados conozcan a fondo tu negocio y puedan integrarse rápidamente, el manual de bienvenida es una herramienta imprescindible. Escribe un manual corporativo que refleje los objetivos, valores y visión de tu empresa, así como el organigrama y las reglas internas.
Si es posible, crea un manual de onboarding más específico para explicar el funcionamiento básico de los equipos y las herramientas que deberán utilizar los nuevos empleados. Incluye, además, los objetivos de su departamento y las principales tareas a realizar. Con esa información, los trabajadores podrán orientarse mejor y funcionar a máxima capacidad cuanto antes.
4. Aplica la gamificación para incentivar la comunicación interna
La gamificación es una buena estrategia para motivar a los empleados y alinear sus objetivos con los de la empresa, mientras se conocen mejor y aprenden a trabajar juntos. Cuando conviertes un reto complejo en una tarea divertida y gratificante, potencias la motivación, mejoras el rendimiento y aumentas la satisfacción laboral.
Plataformas como Slack, por ejemplo, permiten integrar bots que premian a los empleados por su participación activa en canales de comunicación específicos y dan la posibilidad de mantener a los equipos enfocados en las tareas, mientras los animan a celebrar juntos cada nuevo hito alcanzado en el proyecto.
5. Forma a los líderes en comunicación efectiva
Los líderes de los equipos son clave en la transmisión de la cultura, los valores y las directrices estratégicas de la empresa. Si comunican mal, el mensaje se distorsiona, se pierde o genera confusión, en vez de aclarar. Por eso, es fundamental que inviertas en su formación comunicativa.
Puedes impartir talleres sobre habilidades prácticas como dar feedback constructivo, escuchar de forma activa, adaptar el lenguaje según el perfil del interlocutor o gestionar conflictos. También es útil que aprendan a estructurar mejor sus mensajes, usen ejemplos concretos y sepan clarificar expectativas. Un buen líder no solo sabe qué decir, sino cómo y cuándo hacerlo. Capacitar a tus mandos intermedios en estas competencias comunicativas no solo mejorará el clima laboral, sino que también aumentará la productividad empresarial.
6. Pide retroalimentación constantemente
El principal objetivo de la comunicación interna es que la información fluya con celeridad dentro de la empresa, por lo que la retroalimentación de los empleados es imprescindible. Necesitas crear un sistema que te permita evaluar la eficacia de los canales de comunicación que usas y la manera de transmitir esa información.
Puedes conocer las opiniones de tus trabajadores a través de charlas informales, pero también aplicando encuestas, con buzones de sugerencias o, incluso, mediante grupos de discusión creados para ese fin. Escuchar a tu equipo fortalecerá la relación con tus empleados, generará un mayor nivel de compromiso y te permitirá optimizar tu enfoque comunicacional.
7. Mide y ajusta tu estrategia de comunicación
Lo que no se mide, no se mejora. Muchas empresas implementan diferentes canales y estrategias de comunicación sin saber si realmente están funcionando. Conviene establecer KPI para medir su eficacia, así sabrás si la información llega a tiempo o los mensajes se entienden y son útiles.
Algunos de los KPI que puedes usar son:
- Tasa de apertura de correos internos
- Tasa de clics en mensajes internos
- Engagement en las plataformas colaborativas
- Participación en las encuestas internas
- Número de errores o solicitudes de aclaración
- Tiempo medio de respuesta interna
- Índice de satisfacción con la comunicación interna
- Porcentaje de empleados que conocen los objetivos corporativos
Crea un panel de indicadores que te permita evaluar el desempeño comunicacional para ir ajustando la estrategia interna. Quizá descubras que debes eliminar canales, reducir o aumentar la frecuencia de los mensajes o usar un tono más claro. La comunicación interna debe entenderse como un sistema en continua evolución, lo que funcionaba hace un año podría quedarse obsoleto hoy. Evaluar y afinar periódicamente tu estrategia hará que sea eficaz.
El papel de la cultura empresarial en la comunicación interna
La cultura empresarial también determina cómo fluye la comunicación en la organización. Si la organización tiene una estructura jerárquica y vertical, es probable que la información se mueva de arriba hacia abajo, con poca retroalimentación real. En cambio, en empresas con una cultura más horizontal, los mensajes circulan con mayor fluidez entre departamentos, niveles y personas.
Por consiguiente, para mejorar la comunicación interna no basta con implementar nuevos canales o herramientas, hay que analizar la mentalidad con la que se transmite y se recibe la información. La confianza, la apertura, la coherencia y el respeto son los verdaderos cimientos de una comunicación efectiva que fomente un diálogo real.
Google, por ejemplo, no solo prioriza las habilidades comunicativas en sus empleados, sino que ha implementado diferentes procesos y espacios para hablar sobre proyectos en curso, problemas e inquietudes. Así fomenta el intercambio de ideas y la colaboración, lo que se traduce en un ambiente de trabajo más positivo y motivador. Esta cultura corporativa ha sido uno de los pilares que ha impulsado y sustentado su éxito a lo largo del tiempo.
La comunicación interna no es un mero mecanismo operativo, sino un reflejo de los valores organizacionales. Cuando los trabajadores se sienten cómodos compartiendo sus ideas, perciben que los escuchan y se mantienen al tanto de la política y procedimientos de la empresa, su compromiso y satisfacción laboral aumentan, por lo que, a la larga, también mejorará la productividad. Las estadísticas no mienten: tener la información necesaria aumenta 2,8 veces el nivel de implicación de los empleados, lo que dispara en un 23% las ganancias empresariales.
Una comunicación interna adecuada agiliza los procesos organizacionales y promueve la colaboración, tanto entre los equipos como entre los departamentos, por lo que no es una simple formalidad administrativa, sino un motor clave para la eficiencia que impacta en los resultados del negocio al lograr que todos avancen en la misma dirección.