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Antes de montar una empresa o comenzar a trabajar como autónomo, debes conocer los trámites necesarios para poner en marcha una actividad y las obligaciones fiscales que estás a punto de contraer. El Impuesto sobre Actividades Empresariales (IAE) forma parte de ese entramado tributario y, aunque no se paga en todos los casos, es fundamental que sepas de qué se trata y conozcas la forma y los plazos para abonarlo.
¿Qué es el Impuesto sobre Actividades Económicas?
La Agencia Tributaria explica que “el IAE es un impuesto que grava el desarrollo, en territorio español, de actividades económicas. Dichas actividades pueden ser empresariales, profesionales o artísticas y las mismas se pueden ejercer en local determinado o sin local”.
Por tanto, se trata de un tributo que se aplica a todas las actividades económicas que ejerzan las personas físicas y jurídicas en España. Estas se agrupan en diferentes epígrafes del IAE, los cuales ayudan a la Agencia Tributaria a saber qué impuestos se aplican en cada caso.
De hecho, tienes la obligación de declarar todas las actividades económicas que desarrolles, aunque sean ocasionales. La única excepción son las actividades agrícolas, pesqueras, forestales y ganaderas dependientes. Si realizas diferentes actividades, y unas tributan por IAE y otras no, igualmente tendrás que presentar la declaración de todas.
No obstante, eso no significa que tengas que pagar el impuesto sobre Actividades Económicas (IAE).
Hacienda contempla varias exenciones:
Empresas cuyo volumen de facturación no supere 1 millón de euros. La cifra de negocios que se tiene en cuenta es la del último Impuesto sobre Sociedades presentado antes del devengo de la tasa el 1 de enero.
Empresas de reciente creación. Durante los dos primeros años de actividad, las empresas nuevas no tienen que pagar el Impuesto sobre Actividades Económicas. La condición es que no hayan desarrollado antes esa misma actividad bajo otra titularidad.
Personas físicas. Los autónomos quedan exentos, aunque eso no los exime de darse de alta en el epígrafe del IAE que corresponda a la actividad que desempeñen.
Entidades sin ánimo de lucro. Las asociaciones y fundaciones, que cumplan los requisitos legales para ser catalogadas como tal, tampoco tienen que pagar dicho impuesto.
¿Cuándo se paga el Impuesto de Actividades Económicas?
El Impuesto de Actividades Económicas (IAE) se paga de manera periódica. Su periodo impositivo coincide con el año natural, salvo las excepciones que recoge la Agencia Tributaria:
- Espectáculos
- Declaraciones de alta cuando no coincide con el 1 de enero
- Cese de la actividad antes de finalizar el año
Los plazos de pago dependerán del tipo de cuota que debas abonar y del momento en que te des de alta, aunque generalmente se devenga el 1 de enero.
Durante tu primer año, no recibirás un recibo automático, la administración correspondiente te enviará una notificación indicando la cantidad que debes pagar y cómo hacerlo. Si la cuota es municipal, el Ayuntamiento revisará tu alta y te enviará la liquidación. Si la cuota es provincial o nacional, se encargará la Agencia Tributaria.
A partir del segundo año y los siguientes, las cuotas se pagan mediante recibo.
¿Dónde se presentan las declaraciones?
Dependiendo de tu caso, tendrás que presentar la declaración en diferentes entidades:
Si la cuota es nacional o provincial, se presenta en la Delegación o en la Administración de la AEAT del sitio donde se encuentre el domicilio fiscal de tu empresa.
Si la cuota es municipal y no ha sido delegada, debes presentarla en la Delegación o en la Administración de la AEAT del municipio donde desempeñes tu actividad. Si ha sido delegada, tendrás que informarte de la institución a la que el Ayuntamiento ha cedido su gestión.
Por último, cabe aclarar que no presentar el modelo 840 para comunicar el alta o la baja en el IAE dentro del plazo establecido, generalmente en diciembre del año previo al ejercicio de devengo, puede implicar una multa. También se sancionan las declaraciones incompletas o con errores, así como no pagar el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) a tiempo. Por eso, conviene informarse bien y, si es necesario, buscar asesoramiento profesional para evitar sobresaltos fiscales.
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¿Cómo anular una factura emitida?
Si llevas la facturación de tu negocio, es probable que en algún momento te despistes y cometas un error en los datos del cliente, olvides aplicar un descuento o, simplemente, calcules mal el importe. En esos casos, no queda otra opción que anular la factura. ¿Cómo hacerlo sin incumplir la legislación fiscal?
¿Cuándo puedes “anular” una factura?
Anular una factura no es tan sencillo como descartarla y crear una nueva. Aunque todavía las emitas en PDF o tengas un programa de facturación que te permita eliminarla, es importante que sepas que, si has emitido una factura con datos erróneos o has omitido información, lo correcto es realizar una nota de crédito o una factura rectificativa.
El reglamento que regula las obligaciones de facturación no prevé la anulación de las facturas, sino la expedición de otra que subsane el equívoco. Eso implica que puedes corregir o modificar la factura original, pero no suprimirla como si nunca hubiera existido.
Los principales casos en los que se prevé la posibilidad de “anular” una factura son:
- Por error. O sea, si te has equivocado al introducir la información, ya sea en los datos del cliente, la descripción del producto o has realizado algún cálculo erróneo.
- Por devolución de productos o cancelación del servicio. Si el cliente devuelve todo o parte del producto, o cancela un servicio facturado, puedes emitir una factura rectificativa con importe negativo o realizar una factura de abono, también conocida como nota de crédito.
- Por operación no realizada. Cuando la operación facturada finalmente no se lleva a cabo, como cuando se cancela un pedido antes del envío, también puedes anular la factura emitiendo una rectificativa.
- Por impago. Si no has podido ingresar lo facturado, tienes la posibilidad de emitir una factura rectificativa para recuperar el IVA repercutido y no cobrado.
Contabilizar la factura anulada
Cabe aclarar que cualquier factura anulada debe quedar reflejada en tus libros de contabilidad. La Agencia Tributaria exige su registro, ya sea una factura rectificativa o negativa, con independencia de si afecta o no al IVA.
Por tanto, la factura original se mantiene en la contabilidad, con su asiento correspondiente. Y la factura rectificativa se contabiliza como un asiento inverso o compensatorio dirigido a corregir los importes registrados previamente.
Esas modificaciones suelen reflejarse en las cuentas afectadas: ya sean ingresos o gastos, impuestos (como el IVA) o cuentas por cobrar o por pagar, según el tipo de error o la causa de la anulación.
¿Es posible “anular” una factura electrónica?
A partir del próximo año, todas las empresas y autónomos tendrán que adaptarse al Reglamento Veri*factu. Este establece un nuevo sistema de facturación electrónica que obliga a emitir y registrar cada factura siguiendo un formato digital específico.
Esta legislación está diseñada para combatir el fraude fiscal y mejorar el control, por lo que cada factura dejará una huella electrónica o hash en el sistema, que no se puede modificar. Eso significa que no puedes simplemente eliminar la factura, aunque tienes la posibilidad de crear una rectificativa.
Por ley, el software de facturación debe incluir los registros de facturación de anulación. Es decir, tendrá un campo de “tipo factura” que incorpora los diferentes tipos de facturas rectificativas, siempre usando los datos de la que necesitas eliminar.
Si utilizas FACe, la plataforma online para presentar las facturas electrónicas a la administración pública, tendrás que solicitar la anulación de la factura, especificando el motivo, y esperar la respuesta. Si es favorable, la factura pasará, automáticamente, al listado de facturas con solicitud de anulación.
En definitiva, anular una factura no significa hacerla desaparecer, sino corregirla conforme a la normativa vigente. Llevar un control riguroso de esas rectificaciones no solo es una exigencia fiscal, sino también una buena práctica contable que garantiza la transparencia y la coherencia de los registros de tu negocio, además de evitarte quebraderos de cabeza con Hacienda.
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A la hora de emprender un negocio, hay que tener en cuenta muchísimos factores, desde la financiación y la fuerza de la competencia hasta los márgenes y la promoción de los productos o servicios. Un detalle que a menudo se pasa por alto, pero que es trascendental en un mercado donde los productos compiten por atraer la atención de los consumidores en estanterías abarrotadas y tiendas en línea, es el packaging.
- La presentación influye enormemente en la percepción de los clientes, por lo que puede impulsar las ventas o, al contrario, mermarlas. El packaging contribuye de manera decisiva al éxito de un producto, pues, aunque cuente con una buena campaña de publicidad, el consumidor suele tomar la decisión de compra cuando se encuentra delante del producto. Y en ese momento, lo que ve es el diseño del embalaje.
¿Qué es el packaging?
El packaging o empaquetado engloba todas las actividades dirigidas a preparar los productos para distribuirlos, almacenarlos, venderlos y usarlos con seguridad. Sin embargo, va más allá de lo funcional, ya que también incluye un elevado componente de marketing.
Además de proteger los productos y brindar información relevante sobre los mismos, otro de sus objetivos es captar la atención de los consumidores, generando un impacto visual con diseños atractivos que los animen a comprar y refuercen la identidad de marca.
Las ventajas de un buen packaging
El diseño de las latas de sopa Campbell es tan emblemático que inspiró la icónica obra del arte pop de Andy Warhol. La mayoría de las personas también reconoce de un vistazo una caja de cigarrillos Marlboro, el frasco del perfume Chanel No. 5 o la cajita Happy Meal de McDonald’s. Esos ejemplos muestran que un buen packaging puede convertirse en un activo estratégico para la marca.
Genera demanda. Un empaquetado bien pensado consigue llamar la atención del consumidor y despertar su interés. Un estudio publicado en la revista Psychology & Marketing reveló que un diseño atractivo provoca una actividad cerebral intensa en las zonas relacionadas con la recompensa, lo cual estimula el deseo de comprar.
Diferencia las marcas. En el mercado existen miles de productos que compiten por la atención de los consumidores. El packaging ayuda a la marca a distinguirse de la competencia y posicionarse en el top of mind. Al ser reconocible, el cliente también puede identificar el producto rápidamente, lo que facilita el acto de compra.
Comunica los valores empresariales. Un diseño bien pensado crea una narrativa visual que transmite los valores esenciales de la marca o del producto, como calidad, tradición, sostenibilidad o responsabilidad social. Es una vía de comunicación rápida que ayuda a los consumidores a elegir, mientras fomenta una conexión más profunda con los principios que defiende la empresa.
Incrementa el valor percibido del producto. El packaging no solo es una herramienta de marketing, sino que también puede facilitar el uso del producto. El tubo distintivo de Pringles, por ejemplo, protege mejor las patatas que las bolsas tradicionales, además de facilitar su consumo y almacenamiento. Ese valor añadido es un elemento diferenciador que puede inclinar la balanza a su favor en el momento de la compra o, incluso, hacer que los consumidores estén dispuestos a pagar un precio mayor.
A la larga, un diseño inteligente del embalaje o empaquetado logrará que la marca sea más memorable y contribuirá a fidelizar a los clientes e incrementar las ventas.
Diez ideas para crear un packaging inolvidable
Para diseñar el envase o envoltura, primero debes tener en cuenta las características físicas del producto, desde su composición y tamaño hasta su forma, peso y fragilidad. El segundo factor clave es tu buyer persona, necesitas conocer sus preferencias y los motivos que guían la compra. Con esos datos en mente, puedes aplicar diferentes estrategias de marketing:
- Diseña un packaging con facing. Lo que no se ve, no se vende. Asegúrate de que el paquete pueda colocarse de pie en los estantes, de manera que los consumidores vean la cara principal. De poco te servirá diseñar un envase original, si no se mantiene en pie, como ocurre con muchos envoltorios de plástico.
- Elige los colores adecuados. Un estudio realizado en la South East European University reveló que el 79 % de los consumidores reconoce que el color del packaging influye en sus decisiones de compra. Para elegir los colores correctos, considera las sensaciones que quieres transmitir y las asociaciones entre ciertos colores y productos. El negro, plateado y dorado, por ejemplo, se relacionan con productos gourmet o exclusivos, mientras que el verde y el marrón, con productos ecológicos.
- Usa las imágenes para transmitir mensajes. Una imagen vale más que mil palabras. No es casual que, en ese mismo estudio, el 84 % de los consumidores señalara que el diseño del producto influía en la decisión de compra. Por tanto, recurre a imágenes originales que te permitan diferenciarte y transmitan un mensaje claro, en sintonía con tu marca.
- Narra una historia. Cada producto suele tener una historia detrás, por lo que puedes intentar contarla a través del envoltorio. Ya sea el proceso de creación, la inspiración para su creación o el impacto que quiere generar, el storytelling agrega profundidad y significado, contribuyendo a la diferenciación.
- Escoge inteligentemente las palabras. El consumidor medio dedica pocos segundos a mirar el packaging, por lo que debes elegir bien las palabras que usas. Lo ideal es que sean frases cortas, claras y con impacto emocional, o con un objetivo funcional. Usa palabras que conecten con el estilo de vida del cliente o destaquen un beneficio diferencial.
- Sé transparente. En una era caracterizada por una mayor conciencia del consumidor, la transparencia es fundamental. Indica en el envase detalles como los ingredientes, el origen del producto o el proceso de fabricación. Incluye certificados oficiales, porcentajes específicos, en vez de enunciados vagos y afirmaciones verificables. Eso fomentará la confianza y la lealtad hacia la marca.
- Aporta valor con el envase. Una estrategia de diferenciación consiste en lograr que el envase aporte un valor añadido al producto. Un sistema de cierre, dosificación o que permita cortar fácilmente el producto pueden ser la clave para captar clientes y fidelizarlos. Otra estrategia para añadir valor consiste en dar un doble uso al envase para que los consumidores puedan reutilizarlo.
- Implica al consumidor. Cuando la persona interactúa con el producto, aumentan las probabilidades de que lo compre. Una manera original de fomentar esa implicación consiste en incluir códigos QR en el envase para brindar información adicional o promocionar ofertas y descuentos.
- Apuesta por la sostenibilidad. ¿Sabías que el 54% de los consumidores está dispuesto a pagar más por productos sostenibles, lo que representa casi el doble que hace dos años? Si quieres dar el salto a los productos ecológicos, el envase es un buen comienzo. Utiliza materiales reciclables, biodegradables o reutilizables y comunícalo de forma clara. Añadir certificaciones oficiales también puede marcar la diferencia en la decisión de compra y evitar que asocien tu marca con el greenwashing.
- Genera una experiencia sensorial. El packaging no solo entra por los ojos. La textura del material, el sonido al abrirlo o incluso el aroma pueden influir en la percepción de calidad. Un cartón rugoso, por ejemplo, puede transmitir la sensación de artesanal, mientras que un acabado brillante y pulido sugiere sofisticación. Si logras estimular más de un sentido, potencias el recuerdo de marca y generas una mayor conexión emocional con el producto.
¿Cómo medir el éxito de tu packaging?
Un buen packaging no solo es atractivo visualmente, sino que también debe cumplir objetivos claros, como captar la atención del consumidor, comunicar los valores de la marca y, sobre todo, impulsar las ventas. Por ese motivo, es fundamental que midas el éxito de la presentación de tu producto para que sepas si está funcionando según lo previsto.
- Análisis de las ventas. Una de las formas más directas de evaluar el impacto del packaging consiste en observar cómo han evolucionado las ventas desde su implementación. Si el diseño ha mejorado la percepción del producto o ha llamado más la atención, tus ganancias deberían aumentar.
- Estudios de mercado y encuestas. Recopilar la opinión de tu público objetivo también te ayudará a saber si el packaging que has elegido es el más adecuado. Puedes preguntar a tus clientes qué opinan sobre el diseño, la funcionalidad y el mensaje que transmite el envoltorio o envase, realizando encuestas rápidas en los puntos de venta o a través de las redes sociales.
- Métricas en redes sociales. Un buen packaging destaca por ser instagrameable. Es decir, los clientes lo comparten en sus perfiles o incluso disfrutan haciendo unboxing. Por tanto, monitoriza hashtags, menciones y publicaciones relacionadas con tu producto para saber qué nivel de engagement genera su diseño.
- Impacto en la fidelidad. ¿El nuevo diseño está animando a tus clientes a volver a comprar? Si notas un incremento en la retención de clientes tras un cambio en el packaging, es probable que esté cumpliendo bien su función.
- Coste-beneficio. También es vital que analices si la inversión en el diseño y la producción del packaging se justifica, en función del retorno económico que genera. Un envase o embalaje exitoso no solo debe ser atractivo, sino también rentable.
El packaging en e-commerce: retos y soluciones
El auge de las ventas online está cambiando las reglas del juego. En España, el comercio electrónico superó los 23.000 millones de euros en el segundo trimestre del 2024, según los últimos datos de la CNMC. Eso significa que cada vez hay más personas que recurren a las tiendas online, donde no existe la posibilidad de tocar el producto antes de comprarlo. En esos casos, es necesario adaptar el packaging a la logística, la fotografía del producto y el unboxing.
1. Logística, proteger sin encarecer
Uno de los principales retos que plantea el e-commerce es diseñar un packaging que resista los envíos sin aumentar demasiado los costes. A diferencia de las ventas físicas, en una tienda online el producto debe sobrevivir a múltiples manipulaciones: almacenes automatizados, centros logísticos, transportistas y, en muchos casos, incluso devoluciones. Todo ello sin supervisión directa del vendedor.
Las caídas, los golpes y las condiciones de transporte pueden dañar el producto, si no tomas las precauciones adecuadas, lo cual generará una mala experiencia en el cliente y una pérdida de confianza en la marca. Sin embargo, proteger bien no significa añadir capas innecesarias que aumenten el peso del paquete, encarezcan el envío y perjudiquen la sostenibilidad del negocio.
La solución radica en encontrar un equilibrio entre resistencia y eficiencia. Eso implica elegir materiales ligeros pero robustos, como el cartón de canal doble, diseñar estructuras interiores que amortigüen el producto sin ocupar espacio extra y evitar embalajes genéricos que no protegen adecuadamente el producto. Ese tipo de detalles te ahorrarán costes a largo plazo y mejorarán la percepción de calidad de tu marca.
2. Estética, que el paquete hable por ti
El packaging no solo debe funcionar en la vida real, sino también en la pantalla. O sea, debe ser fotogénico. Muchos consumidores comparten sus compras en las redes sociales, por lo que el diseño debe destacar en las imágenes y transmitir inequívocamente los valores de tu marca.
Eso implica elegir una paleta de colores coherente, usar tipografías legibles y lograr una composición visual equilibrada. Incluso detalles “menores” como la forma del precinto, el diseño de la etiqueta o la textura del papel de relleno, pueden marcar la diferencia.
3. Unboxing, transformar la apertura en una experiencia
El unboxing se ha convertido en una herramienta poderosa de marketing emocional y viralización. Las marcas que consiguen que el momento de abrir el paquete genere emociones positivas, aumentan las probabilidades de que los compradores compartan esa experiencia, lo que se traduce en más clientes y probabilidades de recompra.
Incluir mensajes personalizados, detalles visuales atractivos, aromas sutiles o pequeñas sorpresas puede convertir una simple entrega en una experiencia que el cliente quiera publicar en sus redes sociales, convirtiéndose en embajadores de tu marca.
En resumen, si el packaging no está en tu lista de prioridades, es hora de replanteártelo porque es la carta de presentación de tu producto. Invertir tiempo y esfuerzo en su diseño no es un lujo, sino una necesidad en los tiempos que corren.
Asegúrate de que tu propuesta no solo envuelva y proteja el producto, sino que también cuente una historia, conecte con los valores de tu público y atraiga a tus clientes potenciales.
En un entorno de incertidumbre económica y un mercado sumamente cambiante, la comunicación interna es esencial para el éxito empresarial. No solo determina el buen funcionamiento de los equipos de trabajo, aumenta la motivación y mejora el clima laboral, sino que, además, garantiza que todos los esfuerzos se encaminen en la misma dirección para aumentar la productividad y lograr los objetivos de negocio.
Si la comunicación interna falla, es probable que se produzcan duplicidades en las tareas y solapamientos entre las funciones. Eso ralentiza la operativa cotidiana, malgasta recursos y acaba lastrando el rendimiento. En vez de crecer, la empresa pierde el rumbo, ya que los esfuerzos de los diferentes equipos y departamentos no están bien sincronizados.
7 estrategias prácticas para mejorar la comunicación interna de la empresa
Los directivos dedican de tres a diez horas a la semana a preparar las comunicaciones esenciales para los empleados. Sin embargo, cuando esa información no se utiliza o es ineficaz, supone la pérdida de 2 mil millones de dólares anuales para las organizaciones estadounidenses, según Harvard Business Review. Por ese motivo, es fundamental que optimices la comunicación interna en tu empresa.
1. Elige inteligentemente los canales de comunicación
En una organización, hay muchas formas de compartir información, por lo que es importante escoger los canales más eficaces según el tipo de mensaje. Casi el 70% de los empleados prefiere el correo electrónico, pero también puedes activar un chat interno, usar plataformas de trabajo colaborativo o, incluso, crear un portal del empleado para mejorar la eficiencia del departamento de recursos humanos.
Independientemente del canal de comunicación que elijas, reduce el número de reuniones o videoconferencias a las estrictamente necesarias y asegúrate de que sólo participen las personas imprescindibles. Así reducirás el tiempo improductivo y reforzarás la eficiencia operativa, ya que cada trabajador estará donde más impacto puede generar. La norma es sencilla: menos es más.
2. Organiza bien la información y asegúrate de que sea accesible
Las organizaciones generan una gran cantidad de datos cruciales durante su operativa y el proceso de toma de decisiones. Compartirlos puede suponer un reto, sobre todo entre los diferentes departamentos. Para agilizar la comunicación interna en la empresa, puedes utilizar una intranet que centralice todos esos datos o recurrir a sistemas de planificación de recursos empresariales (ERP) en la nube.
Así, los jefes de departamento podrán comunicarse instantáneamente entre sí o con sus subalternos, compartiendo documentos y enviando actualizaciones. Además, la mayoría de esas soluciones permiten archivar la información usando etiquetas más intuitivas y evitan las duplicidades, lo que agilizará el día a día de tu negocio.
3. Crea un manual corporativo y de onboarding
Si quieres que tus nuevos colaboradores o empleados conozcan a fondo tu negocio y puedan integrarse rápidamente, el manual de bienvenida es una herramienta imprescindible. Escribe un manual corporativo que refleje los objetivos, valores y visión de tu empresa, así como el organigrama y las reglas internas.
Si es posible, crea un manual de onboarding más específico para explicar el funcionamiento básico de los equipos y las herramientas que deberán utilizar los nuevos empleados. Incluye, además, los objetivos de su departamento y las principales tareas a realizar. Con esa información, los trabajadores podrán orientarse mejor y funcionar a máxima capacidad cuanto antes.
4. Aplica la gamificación para incentivar la comunicación interna
La gamificación es una buena estrategia para motivar a los empleados y alinear sus objetivos con los de la empresa, mientras se conocen mejor y aprenden a trabajar juntos. Cuando conviertes un reto complejo en una tarea divertida y gratificante, potencias la motivación, mejoras el rendimiento y aumentas la satisfacción laboral.
Plataformas como Slack, por ejemplo, permiten integrar bots que premian a los empleados por su participación activa en canales de comunicación específicos y dan la posibilidad de mantener a los equipos enfocados en las tareas, mientras los animan a celebrar juntos cada nuevo hito alcanzado en el proyecto.
5. Forma a los líderes en comunicación efectiva
Los líderes de los equipos son clave en la transmisión de la cultura, los valores y las directrices estratégicas de la empresa. Si comunican mal, el mensaje se distorsiona, se pierde o genera confusión, en vez de aclarar. Por eso, es fundamental que inviertas en su formación comunicativa.
Puedes impartir talleres sobre habilidades prácticas como dar feedback constructivo, escuchar de forma activa, adaptar el lenguaje según el perfil del interlocutor o gestionar conflictos. También es útil que aprendan a estructurar mejor sus mensajes, usen ejemplos concretos y sepan clarificar expectativas. Un buen líder no solo sabe qué decir, sino cómo y cuándo hacerlo. Capacitar a tus mandos intermedios en estas competencias comunicativas no solo mejorará el clima laboral, sino que también aumentará la productividad empresarial.
6. Pide retroalimentación constantemente
El principal objetivo de la comunicación interna es que la información fluya con celeridad dentro de la empresa, por lo que la retroalimentación de los empleados es imprescindible. Necesitas crear un sistema que te permita evaluar la eficacia de los canales de comunicación que usas y la manera de transmitir esa información.
Puedes conocer las opiniones de tus trabajadores a través de charlas informales, pero también aplicando encuestas, con buzones de sugerencias o, incluso, mediante grupos de discusión creados para ese fin. Escuchar a tu equipo fortalecerá la relación con tus empleados, generará un mayor nivel de compromiso y te permitirá optimizar tu enfoque comunicacional.
7. Mide y ajusta tu estrategia de comunicación
Lo que no se mide, no se mejora. Muchas empresas implementan diferentes canales y estrategias de comunicación sin saber si realmente están funcionando. Conviene establecer KPI para medir su eficacia, así sabrás si la información llega a tiempo o los mensajes se entienden y son útiles.
Algunos de los KPI que puedes usar son:
- Tasa de apertura de correos internos
- Tasa de clics en mensajes internos
- Engagement en las plataformas colaborativas
- Participación en las encuestas internas
- Número de errores o solicitudes de aclaración
- Tiempo medio de respuesta interna
- Índice de satisfacción con la comunicación interna
- Porcentaje de empleados que conocen los objetivos corporativos
Crea un panel de indicadores que te permita evaluar el desempeño comunicacional para ir ajustando la estrategia interna. Quizá descubras que debes eliminar canales, reducir o aumentar la frecuencia de los mensajes o usar un tono más claro. La comunicación interna debe entenderse como un sistema en continua evolución, lo que funcionaba hace un año podría quedarse obsoleto hoy. Evaluar y afinar periódicamente tu estrategia hará que sea eficaz.
El papel de la cultura empresarial en la comunicación interna
La cultura empresarial también determina cómo fluye la comunicación en la organización. Si la organización tiene una estructura jerárquica y vertical, es probable que la información se mueva de arriba hacia abajo, con poca retroalimentación real. En cambio, en empresas con una cultura más horizontal, los mensajes circulan con mayor fluidez entre departamentos, niveles y personas.
Por consiguiente, para mejorar la comunicación interna no basta con implementar nuevos canales o herramientas, hay que analizar la mentalidad con la que se transmite y se recibe la información. La confianza, la apertura, la coherencia y el respeto son los verdaderos cimientos de una comunicación efectiva que fomente un diálogo real.
Google, por ejemplo, no solo prioriza las habilidades comunicativas en sus empleados, sino que ha implementado diferentes procesos y espacios para hablar sobre proyectos en curso, problemas e inquietudes. Así fomenta el intercambio de ideas y la colaboración, lo que se traduce en un ambiente de trabajo más positivo y motivador. Esta cultura corporativa ha sido uno de los pilares que ha impulsado y sustentado su éxito a lo largo del tiempo.
La comunicación interna no es un mero mecanismo operativo, sino un reflejo de los valores organizacionales. Cuando los trabajadores se sienten cómodos compartiendo sus ideas, perciben que los escuchan y se mantienen al tanto de la política y procedimientos de la empresa, su compromiso y satisfacción laboral aumentan, por lo que, a la larga, también mejorará la productividad. Las estadísticas no mienten: tener la información necesaria aumenta 2,8 veces el nivel de implicación de los empleados, lo que dispara en un 23% las ganancias empresariales.
Una comunicación interna adecuada agiliza los procesos organizacionales y promueve la colaboración, tanto entre los equipos como entre los departamentos, por lo que no es una simple formalidad administrativa, sino un motor clave para la eficiencia que impacta en los resultados del negocio al lograr que todos avancen en la misma dirección.
Factura rectificativa: qué es, tipos y ejemplos
Las facturas no son sólo un trámite burocrático, sino también una forma de dejar constancia de que se ha entregado un bien o se ha prestado un servicio. Por eso, es un documento esencial tanto para autónomos y pymes como para las grandes compañías
Sin embargo, para que tengan validez y sean aceptadas no pueden contener errores. ¿Qué hacer si te equivocas, por ejemplo, en el importe, el cálculo del IVA o los datos fiscales? En ese caso, tendrás que recurrir a la factura rectificativa.
¿Qué es la factura rectificativa y para qué se utiliza?
Cuando emites una factura, debes registrarla en los libros contables del negocio. Si la factura tiene un error, no puedes corregirla o simplemente desecharla y hacer otra. Debes crear una factura rectificativa, un documento contable que se emite para corregir, modificar o ampliar alguno de los datos de la factura original.
Generalmente sirve para:
Corregir errores o agregar información.
Se utiliza para rectificar datos incorrectos en la factura original, ya sean errores en los importes, conceptos, fechas, tipos impositivos o datos identificativos del emisor o receptor. También es necesaria cuando hay que añadir información o completar algún dato omitido en la factura original.
Modificar el importe de la operación.
Si se produce un cambio en el valor facturado, como descuentos posteriores o bonificaciones, es necesario realizar una factura rectificativa. En los casos de devoluciones de bienes o cancelaciones totales o parciales del servicio, también hay que hacerla, a menos que el tipo impositivo aplicable a todas las operaciones sea el mismo.
Regularización fiscal.
Permite ajustar las cuotas de IVA repercutidas en caso de errores o cambios en la operación para que la declaración tributaria refleje fielmente la realidad económica. De hecho, si el cliente no realiza el pago en los plazos legales y necesitas recuperar el IVA liquidado, puedes emitir una factura rectificativa.
Cumplimiento normativo.
En ciertas situaciones, la legislación exige emitir una factura rectificativa, como tras una resolución administrativa o judicial que afecte al contenido de la factura original.
Cuando el importe modificado o corregido es negativo, se hace referencia a una factura rectificativa negativa o de abono. Eso se aplica a las recuperaciones de IVA en facturas impagadas, devoluciones del pedido, modificación de la base imponible o cambio en el total de la factura
En contraposición, si solo rectificas tus datos o los del cliente, información como la fecha de devengo o el vencimiento o el porcentaje del IVA o del IRPF, se trata de una factura rectificativa positiva.
¿Cuándo puedes emitir una factura rectificativa?
La Agencia Tributaria señala que debes expedir la factura rectificativa tan pronto como te des cuenta del error o se produzca la situación que te obligue a cambiar la factura original. No obstante, tendrás que prestar atención a los plazos:
- No puede haber pasado más de cuatro años desde el momento en que se devengó el impuesto o la fecha en que se produjeron las circunstancias.
- Hay que remitirla antes del día 16 del mes siguiente al que se expidió la factura.
¿Qué requisitos debe cumplir la factura rectificativa?
Una de las condiciones más importantes que debe cumplir este tipo de factura es que debe indicar, a ser posible en la parte superior, que se trata de una factura rectificativa. Lo habitual es que estén marcadas con la letra “R”.
Además, de los datos habituales de una factura ordinaria, debe reflejar:
- El número y fecha de devengo de la factura original que estás corrigiendo.
- El detalle de la modificación, ampliación o corrección que vas a hacer.
No olvides que el número y la serie de factura rectificativa deben ser independientes de la secuencia que siguen las facturas ordinarias originales. También tienes la posibilidad de corregir varias facturas en un solo documento, siempre que indiques adecuadamente todas las facturas modificadas.
En definitiva, la factura rectificativa es una herramienta clave para corregir errores, ajustar importes y cumplir con las exigencias fiscales de forma transparente. Saber cómo y cuándo debes emitirla no solo te evitará sanciones, también te permitirá llevar mejor la contabilidad, ya que toda buena gestión comienza por una facturación correcta.
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Principales gastos de una empresa: ¿cuáles son?
Ningún negocio puede mantenerse y crecer sin incurrir en gastos, pero tampoco sobrevive si no los mantiene bajo control. Los costes operativos forman parte del engranaje empresarial, permitiendo que todo funcione correctamente. Sin embargo, si no los revisas y optimizas, pueden dispararse y lastrar la rentabilidad. Por eso, es fundamental que conozcas los principales gastos de una empresa.
Los gastos, el talón de Aquiles de muchos emprendedores
Dos tercios de las nuevas empresas nunca llegan a generar ganancias, según Harvard Business Review. Más allá de la pertinencia del modelo de negocio elegido, la gestión de las finanzas es crucial para el éxito o el fracaso. Por desgracia, muchos emprendedores cometen el error de enfocarse demasiado en las ventas, olvidando que el control de gastos es igual de importante.
Los gastos de una empresa, también conocidos como egresos, son todos los costes o salidas de dinero destinados a la gestión y el funcionamiento diario del negocio. Incluyen desde los costes operativos, como salarios, suministros, alquileres o servicios, hasta los desembolsos por emergencias. Administrarlos de forma eficiente es clave para asegurar la sostenibilidad y rentabilidad de la organización a largo plazo.
¿Quién es quién en tu Contabilidad? Los diferentes tipos de gastos de una empresa
Para tomar buenas decisiones económicas, no basta con saber cuánto gastas. También debes entender en qué estás gastando. Las empresas incurren en distintos costes, pero no todos tienen el mismo peso ni propósito. Saber distinguirlos te proporcionará una visión más clara del funcionamiento de tu negocio y te permitirá diseñar estrategias financieras más eficaces.
Los principales gastos empresariales se pueden clasificar en distintas categorías, teniendo en cuenta aspectos como su sistematicidad o imputación al producto/servicio.
Gastos fijos
Son imprescindibles para que la empresa pueda funcionar, tienen un carácter recurrente y se mantienen constantes, con independencia de las fluctuaciones en el volumen de clientes, ventas o producción. Dentro de estos se incluyen:
- Alquileres
- Impuestos
- Suministros
- Servicios externos fijos
- Pago de préstamos
Gastos variables
Estos egresos dependen del volumen de producción o los servicios prestados, por lo que guardan una relación directa con la actividad del negocio y su crecimiento o mengua. Entre ellos se pueden mencionar:
- Coste de personal
- Impuestos relacionados con la distribución
- Viajes y desplazamientos
- Marketing y publicidad
- Insumos o materias primas necesarias para la producción
Gastos extraordinarios
Son desembolsos no habituales que surgen de manera puntual e imprevista durante el desarrollo de la actividad empresarial. No se incluyen dentro de los costes operativos diarios y generalmente tampoco están contemplados en el presupuesto regular. Algunos ejemplos son:
- Reparaciones urgentes
- Indemnizaciones
- Pérdidas por siniestros
- Multas y sanciones
Gastos directos
Esta categoría engloba todos los egresos que guardan una relación directa con la fabricación del producto, la prestación del servicio o el desarrollo de un proyecto específico. Por tanto, oscilan en dependencia de las ventas o el volumen de producción. Algunos de los más habituales son:
- Materias primas
- Salarios de la mano de obra directa
- Componentes de fabricación
Gastos indirectos
Estos costes no se imputan directamente a un producto, servicio o proyecto, pero son imprescindibles para el funcionamiento general del negocio. Suelen repartirse entre diferentes áreas o actividades y tienen un carácter relativamente estable. En esta categoría se encuentran:
- Alquiler del local
- Servicios de limpieza
- Salario del personal administrativo
- Suministros de oficina
Por último, cabe aclarar que muchos de estos gastos son deducibles, siempre que estén relacionados con la actividad empresarial, queden debidamente registrados en los Libros Contables y cuenten con factura. En cambio, también existen gastos no deducibles, como las multas, sanciones, recargos o donativos. Conocer la naturaleza de cada gasto en tu empresa no solo te evitará problemas con Hacienda, sino que también te permitirá mantener tus cuentas saneadas para que tu negocio vaya viento en popa.
Cartas comerciales: qué son, tipos y ejemplos
Antiguamente se enviaban por correo postal, luego por fax y ahora, cada vez más, por correo electrónico o mensajería instantánea. No obstante, su contenido y utilidad no ha variado mucho a lo largo del tiempo. Se trata de las cartas comerciales, una herramienta de comunicación que sigue siendo clave en las relaciones empresariales.
¿Qué es una carta comercial?
La carta comercial es un documento que se usa para comunicarse formalmente entre empresas, aunque también puede emplearse entre una empresa y un cliente, proveedor o entidad externa. Sigue un formato claro y estructurado, con un contenido conciso y adaptado al objetivo de la misiva.
Suele utilizarse para realizar una oferta comercial o presentar nuevos productos, aunque también se envía cuando se aplican cambios en las políticas o condiciones de venta, así como para formalizar un acuerdo o dejar constancia de una transacción.
7 tipos de cartas comerciales
Las misivas comerciales son un instrumento muy versátil en el ámbito empresarial, por lo que su contenido varía según la finalidad con la que se redacten. Conocer los distintos tipos de cartas comerciales que existen te permitirá adaptar tu mensaje a cada situación para aumentar su eficacia.
1. Cartas publicitarias.
Dirigidas a promocionar un producto, servicio o campaña, intentan captar la atención del destinatario e incentivar la compra o el contacto. Su lenguaje es más persuasivo y el formato más atractivo visualmente.
2. Cartas informativas.
Comunican detalles técnicos, novedades o actualizaciones relacionadas con lo que ofrece la empresa. Generalmente, no buscan la venta directa sino informar con claridad y profesionalidad.
3. Cartas de oferta.
Forman parte de la estrategia de ventas o negociación para conseguir que el cliente potencial cierre el acuerdo. Detallan la propuesta de productos o servicios, incluyendo detalles como el precio, las condiciones y plazos, o los beneficios.
4. Cartas de confirmación.
Habituales en entornos donde es importante dejar constancia formal de cada paso, se utilizan para confirmar que se ha recibido correctamente un documento, pedido, producto, pago o comunicación.
5. Cartas de invitación.
Su cometido es invitar a clientes, socios o distribuidores a presentaciones, ferias, jornadas técnicas o visitas al showroom de la empresa.
6. Cartas de pedido o reclamo.
Se envían para formalizar un pedido, detallando los productos o servicios que se desean adquirir. Aunque también se usan para comunicar problemas como un error en el pedido, un producto defectuoso o un servicio deficiente, solicitando una solución o compensación.
7. Carta de agradecimiento.
Este tipo de carta comercial agradece la colaboración o la compra, por lo que se utiliza para reforzar la relación y fomentar la lealtad de los clientes, socios, colaboradores o proveedores.
¿Cómo redactar una carta comercial?
Antes de empezar a escribir una carta comercial, debes tener claro quién es el destinatario. Conocer su perfil te permitirá ajustar el tono y el contenido del mensaje. Una carta demasiado genérica, informal o técnica podría perder eficacia.
1. Usa un encabezado formal
Es recomendable comenzar con los datos del remitente y del destinatario, seguidos de la fecha y un saludo profesional lo más personalizado posible.
Ejemplo: “A la atención del Departamento de Compras”.
2. Sé claro y directo desde el inicio
Expón el propósito de tu misiva en las primeras líneas, sin rodeos ni ambigüedades. Evita datos irrelevantes, explicaciones largas o repeticiones innecesarias que diluyan el mensaje.
Ejemplo: “Por la presente, nos gustaría solicitar información sobre su nuevo catálogo de productos”.
3. Estructura el contenido con claridad
Organiza la información en párrafos cortos fáciles de leer. Usa listas si estás describiendo productos, precios o condiciones para que el destinatario no pase ningún detalle relevante por alto.
Ejemplo: “Las condiciones aplicables a este presupuesto son:
- Válido por 30 días
- Entrega en 7 días hábiles”
4. Cierra con profesionalidad
Finaliza la carta mostrando disposición al diálogo y agradeciendo la atención, así aumentarás las probabilidades de recibir una respuesta positiva. Y no olvides incluir tus datos de contacto al final.
Ejemplo: “Quedamos a su entera disposición para cualquier consulta adicional”.
5. Relee tu carta
Por último, es fundamental que, antes de enviar la carta comercial, la revises, no solo para detectar errores ortográficos o gramaticales, sino para cerciorarte de que tu mensaje ha quedado claro y es efectivo.
Una carta comercial bien redactada no se limita a transmitir un mensaje, también es un reflejo de la imagen y profesionalidad de tu empresa. Adaptar el contenido al destinatario, usar un lenguaje claro y cuidar su estructura son claves para comunicar eficazmente y causar una buena impresión.
Todos los negocios se exponen a contratiempos y problemas inesperados que pueden suponer una interrupción de la producción o los servicios. La manera en que abordes esos imprevistos puede marcar la diferencia. Tener un buen sistema de gestión de incidencias no solo garantiza la operatividad y limita los daños económicos, también protege tu reputación empresarial y la calidad del servicio que brindas.
5 pasos para implantar un sistema de gestión de incidencias ágil y efectivo
A veces, los problemas no escalan por la gravedad del fallo inicial, sino por las decisiones contradictorias, los mensajes cruzados y la falta de un protocolo claro para gestionarlos. Contar con un protocolo de gestión de incidencias, enfocado en minimizar su impacto desde el primer minuto, mejorará tu reacción ante los imprevistos y evitará que se repitan o agraven.
1. Define qué es una incidencia
Parece una obviedad, pero muchas empresas no tienen claro qué es una incidencia, lo que les impide anticiparse y solucionarlas adecuadamente. Por tanto, comienza por identificar los problemas potenciales que pueden afectar, de forma directa o indirecta, a tu negocio.
Clasifícalos según su nivel de gravedad o complejidad (críticos, importantes o leves). Priorizarlos ayudará a tu equipo a detectarlos y actuar inmediatamente. Por ejemplo, una incidencia crítica puede ser una caída total del sistema informático o un paro inesperado en una línea de producción, mientras que un ligero retraso en la entrega de productos o un tiempo de carga más lento de lo habitual podrían ser incidencias menores.
2. Abre un canal para reportar los incidentes
Una buena gestión de incidencias depende, en gran medida, de la rapidez con que se comuniquen los fallos. Lo ideal es que establezcas un único canal de comunicación interna para registrar las incidencias, ya sea una plataforma, un formulario, un correo o, incluso, un grupo de mensajería.
Ese canal también debe garantizar la trazabilidad, de forma que cada incidencia quede registrada con fecha, hora, persona que la reporta y una breve descripción de lo ocurrido. Incluso podrías digitalizar este proceso con un software o aplicación de reportes de incidencias con plantillas predefinidas para registrar toda la información, reportar averías y generar informes digitales.
3. Crea un protocolo de actuación según el nivel de urgencia
No todos los percances requieren la misma respuesta. No es lo mismo un error en el sistema de cobros, que te impide facturar o recibir pagos, que una demora en la recepción de los documentos. Tener un protocolo claro, que distinga las urgencias reales de los problemas que pueden esperar, es clave.
Revisa los incidentes pasados para detectar cuáles se repiten e identificar los más disruptivos, así como las soluciones más eficaces. Con esa información, podrás elaborar reglas claras para cada tipo de incidencia y detallar su proceso de gestión para evitar improvisaciones.
4. Asigna responsabilidades y roles claros
Cuando surge un problema, es posible que nadie haga nada o que todos intenten resolverlo a la vez. En cambio, una gestión de incidencias eficaz implica seguir un flujo de trabajo en el que cada quien sabe lo que debe hacer en cada momento cuando algo falla.
Cada trabajador debe saber qué percances pueden ocurrir en su área de acción y cómo reportarlos. De hecho, podrías asignar un responsable de la gestión de incidencias en cada sector, que se encargue de darles seguimiento desde que se recibe el aviso hasta que se resuelve. Así, evitarás duplicidades, errores y pérdida de tiempo.
5. Analiza cada incidencia para optimizar su gestión
Después de resolver un contratiempo, repasa lo que pasó, cómo se solucionó y qué se podría haber hecho mejor. No se trata de buscar culpables, sino de evitar que el problema se repita. Valora las causas de la incidencia y sus consecuencias, así como el tiempo que tomó resolverla y la utilidad de las medidas puestas en práctica. Si es necesario, reúnete con tu equipo para comprender cómo podéis optimizar la gestión.
Por último, recuerda que ningún protocolo funciona para siempre. Revisa y ajusta tu sistema de gestión de incidencias con regularidad, incluyendo los nuevos aprendizajes. Si tus empleados tienen claro qué hacer, el impacto de los contratiempos se reduce drásticamente. Una incidencia bien resuelta no solo protege tu operativa, también transmite una imagen profesional, confiable y resiliente.
Foto de Pixabay.
7 ideas de negocios sostenibles
La sostenibilidad ha dejado de ser una opción para convertirse en una prioridad para las empresas. Por una parte, los consumidores europeos están cada vez más comprometidos con la protección del medio ambiente. El 57% planea gastar más en productos sostenibles y están dispuestos a pagar hasta un 10% más si tienen un bajo impacto ambiental, según un informe reciente. Además, el 36% de los clientes cambiaría de proveedor si este no cumple con los requisitos de sostenibilidad.
Por otra parte, las normativas de la Unión Europea para luchar contra el cambio climático y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible son cada vez más exigentes. En ese contexto, la sostenibilidad se incorpora como un eje transversal en el funcionamiento empresarial, lo cual abre la puerta a múltiples oportunidades de negocio.
Negocios sostenibles, innovadores y rentables para cuidar el planeta
Emprender con conciencia ecológica no solo es un gesto responsable, es una estrategia inteligente a largo plazo. No se trata únicamente de proteger el medio ambiente, sino también de detectar oportunidades de negocio reales en un mercado que valora y premia la sostenibilidad. Por tanto, si estás pensando en iniciar un proyecto o darle un nuevo rumbo al que ya tienes, emprender la senda verde podría darte una ventaja competitiva.
Te damos algunas ideas contrastadas en la práctica en campos aún en ciernes:
Desarrollo de nuevos alimentos
El mundo está sometido a una enorme presión para alimentar a sus 8 mil millones de habitantes. Por esa razón, es clave impulsar negocios sostenibles enfocados en el desarrollo de alimentos sustitutivos que requieran menos agua, tierra o energía para su producción, y que además generen menos emisiones de gases de efecto invernadero.Alimentación 3D
La impresión 3D de alimentos es un negocio sostenible con un gran potencial, sobre todo porque reduce los costes al usar las cantidades exactas de ingredientes, lo cual también disminuye el desperdicio. Además, facilita la elaboración bajo demanda, lo que evita la sobreproducción y contribuye a implementar sistemas alimentarios más circulares y ecológicos.
En España, ya existen varias empresas que han incursionado en este sector, como Cocuus, que ha desarrollado una tecnología de impresión 3D para producir alimentos a base de plantas con una textura similar a la carne. Novameat trabaja una línea similar creando sustitutos de carne a base de plantas en 3D.Materiales de construcción sostenibles
El sector de la construcción está viviendo una auténtica revolución de la mano de nuevos materiales más sostenibles y la incorporación de unos criterios de gestión ambiental más respetuosos con el medio ambiente. Estos nuevos materiales no solo contribuyen a reducir el uso de recursos naturales, sino que también mejoran la eficiencia energética de los edificios, lo cual se traduce en un ahorro económico para los usuarios y una menor emisión de CO2 a largo plazo.
La empresa Greenfiber, por ejemplo, ha creado un aislamiento compuesto por un 85 % de celulosa proveniente de papel reciclado, mientras que RavenWindow produce ventanas inteligentes con un filtro termocrómico que bloquea automáticamente el calor solar en verano y, en invierno, lo deja pasar para calentar el hogar.Smart delivery
La creciente digitalización de las compañías y la enorme demanda de pedidos a domicilio están creando una oportunidad de negocio que no solo debe ofrecer nuevas soluciones para el transporte de mercancías en la ciudad, sino que también debe hacerlo de forma más eficiente y respetuosa con el medio ambiente.
Routal ha tomado ventaja, analizando los datos logísticos de las empresas para ayudarlas a planificar y optimizar las rutas de manera sencilla, rápida y automática. Como resultado, puede reducir hasta en un 25 % las entregas fallidas y hasta en un 30 % la huella de carbono de las operaciones. En Estados Unidos, la compañía Kiwibot ha creado una red de robots de entrega de última milla con cero emisiones, que mejoran la eficiencia y reducen los costes operativos en entornos urbanos.Moda sostenible
La industria de la moda es una de las más contaminantes del mundo. Sin embargo, también es uno de los nichos más “fáciles” de explotar, ya que cuenta con una gran base de clientes concienciada, compuesta por consumidores a los que les interesa, cada vez más, saber dónde y cómo se fabrican las prendas que compran, más allá de su precio o diseño.
Zara, por ejemplo, ha implementado el servicio Pre-Owned en varios países europeos, incluyendo España. A través de esta plataforma, sus clientes pueden revender, donar o incluso reparar prendas de la marca. No obstante, en este sector existen oportunidades para todos, no solo para las grandes marcas. Puedes innovar en tejidos orgánicos, adentrarte en el fashion sharing, un fenómeno que aboga por el alquiler de prendas y evita la compra innecesaria, o explorar el trashion, ropa hecha a partir de desechos, como la apuesta de la empresa Ecoalf.Aplicaciones digitales 4.0
La sostenibilidad va de la mano de la digitalización. Las herramientas informáticas, en especial la Inteligencia Artificial, el Big Data y el Aprendizaje Automático, serán decisivas para ayudar a las empresas a detectar los procesos ineficientes y aplicar nuevas soluciones de automatización, basadas en industria 4.0, que les permitan predecir y optimizar todos sus procesos, usando de manera más racional los recursos.
Eso significa que las empresas que incursionen en este sector con nuevas propuestas tecnológicas más sostenibles podrán ganar cuota de mercado rápidamente. Datision, por ejemplo, ofrece soluciones de IA para optimizar procesos industriales y utiliza los datos para facilitar la toma de decisiones e, incluso, proponer acciones de mantenimiento predictivo para evitar fallos en las máquinas y sistemas. Como resultado, no solo evita paradas de producción y retrasos en las entregas, sino que también mejora la eficiencia energética.Consultoría verde
Para alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo, la UE va a movilizar, al menos, un billón de euros en inversiones sostenibles durante la próxima década. De hecho, hasta el año pasado ya había destinado más de 380 millones de euros a 133 proyectos LIFE.
Eso significa que los especialistas en financiación verde serán cada vez más demandados por las organizaciones que quieran aprovechar estos fondos, ya sea para poner en marcha una idea de negocio o para mejorar la sostenibilidad de una empresa existente. Por consiguiente, montar una consultoría especializada en este tipo de financiación y proyectos podría tener una excelente perspectiva de futuro.
La empresa Mighty Cricket, por ejemplo, utiliza la harina de grillos para elaborar una gran variedad de productos proteicos, incluso barras de chocolate, y Jiminy’s reemplaza la proteína animal en el pienso y las golosinas para perros con proteína de insectos. Algunas startups han ido un paso más allá, como Air Protein y Solar Foods, creando proteínas comestibles a partir de un proceso de fermentación con microorganismos.
Por último, cabe aclarar que, en ocasiones, para emprender ideas de negocio sostenibles e innovadoras, es necesario disponer de una inversión inicial considerable. Si es tu caso, puedes recurrir a iniciativas de crowdfunding, aunque también existen ayudas estatales y europeas para impulsar ese tipo de proyectos. Otra posibilidad consiste en aliarse con empresas sostenibles en proceso de expansión de otros países para ayudarlas a desembarcar en el mercado español.
Si has comenzado un negocio y va viento en popa, en algún momento tendrás que enfrentarte al proceso de contratación de personal para seguir creciendo. Contratar a un trabajador no es complicado, pero si es la primera vez que lo haces, es probable que te asuste la cantidad de documentos a cumplimentar o que no conozcas la praxis a seguir. Te explicamos todos los trámites, paso a paso, así como el procedimiento de selección interno.
Inscripción como empresario
Antes de contratar un trabajador, debes solicitar tu inscripción como empresario en la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS). Te asignarán un Código de Cuenta de Cotización (CCC), que servirá para identificarte y dar seguimiento a tus obligaciones con la Seguridad Social.
Tendrás que rellenar dos modelos: el TA.6, para inscribirte en el sistema de la Seguridad Social y el TA.7, para solicitar el CCC en cada una de las provincias donde ejerzas tus actividades.
También deberás presentar:
- Un documento que te identifique como titular de la empresa o, en caso de que sea una sociedad, la escritura de constitución de la misma.
- El documento del Ministerio de Economía y Hacienda en el que te asignaron el Número de Identificación Fiscal (NIF), que también refleja la actividad económica de tu negocio.
Afiliación de trabajadores
Para contratar empleados, primero deben estar afiliados a la Seguridad Social. Si el trabajador nunca se ha dado de alta, debe solicitar personalmente su número en la Seguridad Social a través del modelo TA.1. Cuando se trata de jóvenes que acceden al trabajo por primera vez, es importante que verifiques su número de Seguridad Social pues pueden cometer el error de aportar el número que figura en su tarjeta sanitaria, que corresponde a uno de sus progenitores.
Luego puedes proceder al alta del trabajador. Tendrás que rellenar una solicitud de alta en la Seguridad Social, el modelo TA.2. No olvides que debes tramitar el alta de los trabajadores antes de que comience la relación laboral o, a más tardar, el mismo día en que inicie la actividad. De hecho, el sistema brinda un amplio margen de maniobra ya que permite tramitar las altas hasta 60 días antes de que inicie la relación laboral.
Registro del contrato de trabajo
Tienes un plazo de diez días para registrar la copia del contrato en el Servicio de Empleo Público Estatal. Es un paso sencillo que puedes hacer por Internet, accediendo al Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).
Con este trámite comunicas que has contratado a una persona, pero no indicas las condiciones específicas del contrato, por lo que es importante que tanto tú como el trabajador conservéis una copia del mismo, debidamente firmada por ambos.
Ingreso de las cuotas
Cuando decides contratar a un empleado tienes la obligación de ingresar en la Seguridad Social las cuotas correspondientes, que se pagan a mes vencido.
Para ello, tendrás que presentar telemáticamente a través del sistema Red Directo de la Seguridad Social:
- Relación de liquidación de cotizaciones (RLC). Es el antiguo TC-1 y resume el total que debes abonar en un mes por el trabajador contratado. Incluye tanto la parte de la cotización que asumes como empresa como la que detraes del sueldo del empleado.
- Relación nominal de trabajadores (RNT). Este documento corresponde al antiguo TC-2 y detalla los trabajadores declarados en cotización para una liquidación y período, generalmente un mes.
Aplicación de retenciones
Al contratar a un trabajador, también debes descontarle las retenciones del IRPF en su nómina e ingresarlas a Hacienda a su nombre. El porcentaje a aplicar, que puedes calcular con este programa, depende de diferentes factores, como el importe del salario, las condiciones familiares del empleado y las cotizaciones a la Seguridad Social.
Primero es necesario cumplimentar el modelo 145, en el que se recaba la información necesaria para calcular las retenciones a aplicar en la nómina del trabajador, y luego el modelo 111, mediante el cual declaras e ingresas las retenciones. Las cantidades retenidas se deben ingresar trimestralmente y, al final del año, tienes que hacerle llegar al trabajador el certificado de retenciones.
¿Cómo contratar personal? Los 7 pasos del proceso de selección
El éxito de una empresa depende, en gran medida, de las personas que la conforman. Contratar personal no implica únicamente ocupar una vacante, es una inversión en el futuro de tu negocio, por lo que, al margen de los trámites administrativos, es importante que elijas adecuadamente. Para ello, debes tener claro el proceso interno de selección.
Definición de la vacante. ¿La carga laboral justifica la creación de un nuevo puesto? Si es así, debes tener presente qué perfil necesitas. Define sus funciones y responsabilidades, así como las habilidades técnicas y blandas requeridas, nivel de experiencia profesional y las condiciones laborales que ofreces.
Búsqueda de candidatos potenciales. Elabora una descripción detallada del puesto y publícala en los portales de empleo o compártela en las redes sociales, en caso de que no puedas cubrir esa vacante internamente. Recuerda que una descripción clara atraerá a candidatos alineados con lo que buscas y filtrará a quienes no cumplen los requisitos.
Preselección de los mejores perfiles. Cuando recibas los currículums, tendrás que realizar una primera selección para filtrar todos los candidatos que no satisfacen las exigencias mínimas. Luego, descarta aquellos que no se adaptan completamente a lo que buscas prestando más atención a aspectos como las competencias y la experiencia profesional.
Entrevistas y evaluación. En esta fase tendrás que evaluar con mayor profundidad a las personas preseleccionadas. Según el perfil que busques, una entrevista a profundidad podría bastar. En otros casos, quizá sea necesario aplicar pruebas psicométricas o realizar pruebas técnicas para comprobar que el candidato realmente posee las competencias y conocimientos adecuados.
Verificación de referencias. Antes de hacer una oferta formal, es conveniente que compruebes las referencias laborales anteriores para confirmar datos como la experiencia, desempeño y ética profesional. Así, minimizarás el riesgo de contratar candidatos que hayan incluido información falsa en su CV.
Oferta formal y negociación. Tras elegir al candidato ideal, tendrás que formalizar el proceso, lo cual significa presentar la oferta económica y profesional, así como los beneficios asociados al puesto de trabajo. En esta fase se negocian los términos y la fecha de incorporación, por lo que es importante que todo quede claro para ambas partes.
Contratación legal y onboarding. El proceso de contratación culmina con la firma del contrato y la integración del nuevo empleado. No obstante, tendrás que asegurarte de que se integre y adapte a la empresa, por lo que quizá necesite recibir capacitación inicial o someterse a un proceso de mentoring para comprender el funcionamiento del negocio y dominar sus funciones. Recuerda que un buen inicio reducirá la curva de aprendizaje y aumentará la retención.